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El 35% de bajas es por incumplimiento del régimen de visitas

Teresa Roldán
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La mayor parte de los expedientes en curso en el recurso proceden de los juzgados, y el resto de Bienestar Social

Algunos de los profesionales que trabajan en el PEF. - Foto: Rubén Serrallé

Si bien las cifras de bajas y abandono del programa este año se mantienen estables respecto al primer semestre de 2021, con 33 bajas, de las cuáles la mayoría fueron por normalización del régimen de visitas, en concreto un 65% de los casos, «lo que significa que van a poder cumplir fuera del centro el régimen de visitas, habiéndose normalizado las relaciones paternofiliales», un 35% de los casos las bajas se cursaron porque existe un incumplimiento de las visitas, por una de las partes o incluso por los dos progenitores al mismo tiempo».

Otro dato que la directora del Punto de Encuentro Familiar puso sobre la mesa es el incremento paulatino de la modalidad de visitas supervisadas, suponiendo más del 60% de las intervenciones realizadas en la actualidad, en concreto en torno al 62%.

Asimismo, la media de casos activos mensual está en torno a los 110 expedientes, una cifra que apenas ha variado respecto a ejercicios anteriores.

Del total de casos derivados a este dispositivo para la normalización de las visitas entre los progenitores no custodios y los hijos de la pareja, la mayoría provienen de los juzgados (104 casos), es decir, en torno al 75% de todos los expedientes en marcha;  y en menor medida, un 25% del Servicio de Infancia y Familia de la Delegación Provincial de Bienestar Social (30 casos).

La permanencia media en el recurso de los casos oscila entre los siete y 12 meses.

María del Carmen Martínez aclaró que «las características son muy diferentes entre las familias que llegan procedentes de los juzgados de violencia y las que llegan desde los de familia. En el primer caso se ha producido una separación muy reciente y se ha interpuesto una denuncia por violencia, lo que significa que la pareja convivía hasta hace poco y los hijos tenían relación con el progenitor con el que ya no viven; en el segundo caso en cambio son procedimientos más enquistados en el tiempo, con problemáticas complejas, donde la relación entre progenitores no custodios y los hijos lleva meses e incluso años suspendida y deteriorada y la intervención en el PEFresulta más difícil, porque muchas veces los niños se oponen a tener contacto con el progenitor y la relación está rota, y necesita una intervención más específica por parte de los psicólogos para restaurar esa relación entre padres e hijos».

El papel por tanto de los profesores de este recurso es clave, según Martínez, «para restablecer esas relaciones paternofiliales porque se convierten en facilitadores para que ese proceso se lleve a cabo de la mejor manera posible y de forma pacífica, y sobre todo, existe una protección para que los menores vivan esa experiencia al margen del conflicto que exista entre sus padres».

ARCHIVADO EN: Violencia, Infancia