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Molina, convencido de que su madre hace fuerza desde el cielo

Pedro Belmonte
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El novillero abrió la puerta grande de Las Ventas, la primera plaza del mundo, lo que supone un aldabonazo a su carrera, con vistas a su alternativa

José Fernando Molina, en la plaza de toros de Madrid. - Foto: Pedro ¨Belmonte

El domingo, el novillero albacetense José Fernando Molina abrió la puerta grande de la primera plaza del mundo, de Las Ventas de Madrid, lo que ha supuesto un aldabonazo a su carrera, marcada desde el debut con picadores en la feria de 2018 y al que la situación de pandemia y escasez de novilladas no le habían permitido sumar demasiados festejos, aunque siempre el nivel mostrado ha sido muy destacado, por sus maneras, su entrega y su verdad ante la cara del novillo. Era su primer festejo de la temporada, con vistas a la alternativa que será en la próxima Feria de Albacete, por lo que un triunfo suponía coger la fuerza suficiente para un buen remate en el escalafón de los novilleros con picadores y llegar al doctorado con fuerza, lo que ha conseguido tras una completa actuación en el coso de la Calle de Alcalá.

Hablamos con el novillero sobre las sensaciones vividas en el día más importante de su carrera. Fue cogido por los dos novillos, por lo que lo primero que nos cuenta es su estado físico. «Físicamente me encuentro un poco mermadete, pero cuando las cosas salen como salieron, se me pasa rápido. El segundo me hizo dos brechas en la ceja en un derrote, un recuerdo que tendré para toda la vida, una cicatriz que recordaré con cariño».

Hay que digerir un triunfo como este. «El triunfo del domingo lo he digerido igual que los demás. Sigo siendo el mismo, no me ha cambiado nada, y aunque me cambia, seguiré siendo el mismo, aunque con la alegría de lo que siempre he soñado, feliz por mí y por todos los aficionados de la tierra. El que viese la noticia después, le daría un vuelco el corazón de felicidad».

Se visualizan estas situaciones con anterioridad, aunque con los pies en la tierra. «Soñaba el triunfo, pero a la vez había una vocecilla que me hablaba de lo imposible que esto es. Me veía en el espejo del baño con las orejas, pero esa vocecilla…, y luego me he preguntado que, por qué yo, por lo que a día de hoy lo pienso y no me lo creo».

El primer novillo tuvo un gran pitón derecho, aunque de salida lo cogió de forma aparatosa. «Tuvo un gran pitón derecho, pero por el izquierdo me molestó el aire y no podía ponérsela bien ya que el viento me empujaba la muleta hacia él, que tendía a protestar al final y fue muy difícil torearlo por el izquierdo, pero menos mal que por el derecho tuvo esa profundidad y conectó con el tendido. El segundo pegaba un cabezazo hacia arriba, que por eso me partió la ceja, pero poco a poco lo fue corrigiendo y desarrolló nobleza y pude crear algo, no perfecto, pero tiré de ganas y creo que también conectó arriba. Además les di distancia al principio a los dos novillos, ya que sabía que si se la daba, eso gusta en Madrid, y allí merece la pena esa apuesta, ya que es lo que yo he visto como aficionado».

Con la espada un cañón. «La semana anterior maté un toro a puerta cerrada y lo pinché y tenía los diablillos por dentro diciéndome que no era capaz, así que me olvidé del cuerpo, puse la mano hacia delante y me dije que había que matarlos. Tuve esa suerte, porque podía haberlos pinchado y otro gallo hubiese cantado, pero al parecer era lo que el destino tenía guardado para mí». Hasta dos veces volvió la cara cuando salía en hombros de la plaza para mirar la puerta grande. «Días antes fui a Madrid y después de cenar me acerqué a la plaza a mirarla y yo me imaginaba la salida en hombros». La falta de su madre le ha dado fuerza para todo. «Desde que murió, estoy convencido que está haciendo fuerza y el camino parece más fácil. Nos están pasando cosas muy bonitas y estará allí arriba muy feliz, pero me hubiese gustado verle la carita allí cuando estaba saliendo en hombros, feliz de verme cumplir mis sueños».