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Manuel Caballero triunfa en su presentación en Albacete

Pedro Belmonte
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La espada privó de mayores premios a los dos maestros, que se marcharon a pie con una oreja por coleta, lidiándose una buena corrida de Daniel Ruiz

Manuel Caballero triunfa en su presentación en Albacete - Foto: Rubén Serrallé

Manuel Caballero, el hijo, se presentó como novillero con picadores en la plaza de toros de su tierra y a la postre, resultó el triunfador de la tarde, cortándole las dos orejas al novillo que cerró plaza, un buen ejemplar de Daniel Ruiz, con sus teclas, pero cuando se las saben tocar, el animal sirvió para que el nuevo torero dijera a sus paisanos que no va de juegos, que lo tiene claro y que quiere ser torero. La carrera es muy larga, pero el comienzo, en una tarde de mucha responsabilidad para él, la ha saldado con nota, en dos faenas llenas de temple y buena colocación, y que si en el primero de su lote le hubiese metido la espada a la primera, el triunfo hubiese sido de mayor cuantía.

Comenzó en el tercero con una declaración de intenciones al estilo Caballero con cuatro largas cordobesas de las que su padre fue un experto, lidiando de forma excelente Candelas. El novillo embistió rebrincado, defecto que supo corregir Manuel a base de temple y estirando de la embestida del animal obligándole, lo que el de Daniel Ruiz admitió y metió la cara con franqueza. Tres pinchazos y una estocada dejaron la cosa en una fuerte ovación con ligera petición de oreja. 

En el cierraplaza llegó el triunfo, otro utrero de Daniel que cuajó con el capote con verónicas de manos bajas y un galleo por chicuelinas para llevarlo al caballo. Fue lidiado de forma magistral por Jorge Cordones y en banderillas destacaron Candelas y Víctor Martínez. Lo templó con suavidad y le cuajó tandas con las dos manos que llegaron con fuerza al tendido a un novillo al que le costaba embestir, pero cuando arrancaba, repetía hasta cuatro veces con franqueza y metiendo bien la cara. Se adornó con dos circulares por la espalda que terminaron de redondear su actuación. Una buena estocada, hizo explotar el tendido que pidió con fuerza las dos orejas y el palco no tardó en conceder, por lo que salió en los hombros de los capitalistas.

Apertura. Abrió el festejo Morante de la Puebla, con un toro deslucido ya de salida, con el que no pudo ni cuajarlo con el capote. El animal desarrolló nobleza, pero no demasiada clase, metiendo la cara entre las manos y escarbando, aunque el de la Puebla no se descompuso y quiso estar bien con él, metiéndose con el toro e intentando poder cuajarlo con las dos manos, lo que dejó claro que el torero no venía a pasearse. Fue el toro de peor condición de una corrida buena, y el único que fue pitado en el arrastre, tras una estocada arriba y tres descabellos. En el cuarto pudimos ver al Morante que los aficionados quieren ver. Faena compacta, con clase, con muletazos que completaban series con «gajo», por los dos pitones, que de haber caído el toro con la estocada que le recetó, hubiese acompañado al novillero en la salida en hombros, pero los dos descabellos, le quitaron una oreja de las manos, quedando el balance en un solo trofeo paseado por el ruedo con satisfacción y mucha torería. Los aficionados más «morantistas» disfrutaron ayer de una buena tarde, viendo a su torero muy dispuesto y cuajando a un toro con los mimbres de las faenas mejores.

Paco Ureña tampoco tuvo su mejor tarde con la espada, necesitando un pinchazo antes de cobrar una buena estocada en el primero de su loe, al que toreó templado, ya desde salida, y llevándolo largo. No le obligó en los primeros compases de la faena, pero cuando le bajó la mano, el de Daniel Ruiz respondió siguiendo la muleta hasta el final, estirando del toro y cuajándolo perfectamente, rompiendo en el tendido tras un cambió de mano excelente.

Dos pinchazos y una estocada dejaron el premio en una oreja. Sin duda el quinto fue el toro de la tarde al que ya cuajó muy suave con el capote y que se entregó sin fisuras en el ultimo tercio, sobre todo por el pitón derecho, por el que embistió con clase y mucha franqueza, aunque por el pitón izquierdo le costó algo más embestir. Una pena la espada, con tres pinchazos antes de cobrar una estocada casi entera que le sirvió para recoger una ovación y otra que se llevó el toro durante el arrastre.

Es tradición en este festejo, que los toreros, brinden al menos un toro a los chavales de Asprona, que lo estuvieron pidiendo toda la tarde desde sus palcos y que ninguno de los diestros tuvo el detalle de hacerlo. Se quedaron compungidos y si su brindis, lo que hay que advertir para futuras ediciones, antes de la corrida.