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Fernando Fuentes

Fernando Fuentes


Nunca te canses de vivir

21/12/2021

La actualidad más triste ha puesto bajo el foco popular algo tan masivo -a la par que escondido- como son las enfermedades mentales. El exponencial auge de las dolencias psicológicas va inexorablemente unido a lo mal que va todo. Cierto es que hoy hay poco a lo que asirse para mantenerse a flote. O nada. La empinada y vertiginosa montaña rusa de emociones, en la que llevamos subidos cerca de dos años, parece no encontrar fin. Nos pasamos la vida subiendo picos y bajando a mesetas para, de inmediato, volver a ascender para, se supone, volver al firme. Esto es capaz de hacer mella en la cabeza mejor amueblada, sobre todo si no es con madera maciza. Sube alarmantemente en España el consumo de opiáceos, de drogas ociosas y, claro, algunos psiquiatras privados se están haciendo de oro. Cunde una sensación de desanimo general, e imparable, que roe la salud mental de un país en el que aquello del «estado del bienestar» ahora nos suena a algo tan lejano, y ajeno, como si nunca lo hubiéramos llegado a oler. Y llegados a este punto -con el que no podríamos haber mal soñado antes de llovernos a mares esta maldita pandemia que, al parecer, nos hemos ganado a pulso- solo queda no perder la esperanza. Sí, la tenemos bajo mínimos, pero hay que conseguir avivar su débil llama, en mitad de la oscura y fúnebre oscuridad en la que sobrevivimos desde marzo de 2020, para que alumbre un presente que pende de un hilo. Debemos de sacudirnos la pesadumbre, lavarnos las arrugas de la cara para dibujarnos nuestra mejor sonrisa y gritar a pleno y limpio pulmón: ¡Nunca te canses de vivir! Y una vez que lo hayamos interiorizado, se lo podremos contagiar a propios y extraños. Hay cosas peores que los devastadores efectos sanitarios y económicos del virus, son el miedo crónico y la tristeza general. Sabemos a diario cuál es el índice de incidencia del Covid-19 hasta en el pueblo más pequeño. Pero no hay datos -al menos oficiales- de cómo la depresión está afectando a sus moradores. Podemos certificar que alguien ha muerto de una infección de coronavirus, pero no cuánta culpa hay de pandemia cuando alguien se deja la vida colgada de una soga. Recordemos que las mejores medicinas, para poder seguir respirando hondo, son la confianza y la ilusión. Vivir, vivir y vivir.