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Horarios que ahogan

Carlos Cuesta (SPC)
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Los trabajadores llevan años reivindicando jornadas con mayor flexibilidad con las que conciliar la vida familiar y profesional, y que les permitan incrementar la productividad

Horarios que ahogan - Foto: Imagen de storyset Freepik.es

Tanto los trabajadores como los sindicatos llevan años con el infructuoso debate de ajustar los horarios laborales para mejorar no solo la conciliación del empleo con la familia, sino también para aumentar la calidad de vida y la productividad. 

Se trata de una idea en la que todo el mundo se muestra de acuerdo a primera vista, pero que su aplicación, salvo en los estamentos de los empleados públicos, resulta casi imposible de aplicar.

Con la llegada del teletrabajo, a raíz de la pandemia, parecía que era factible y se estuvo más cerca que nunca de modificar la legislación, pero todo quedó en buenas intenciones y no se concretó nada.

Algunos economistas aseguran que se trata de un asunto complejo de resolver, que esconde prácticas ilegales como las horas extra que no se abonan o, incluso, su pago fuera de nómina, además de otros abusos.

Desde el Gobierno se quiso atajar esta cuestión imponiendo registros de entrada y salida en empresas, oficinas y comercios, aunque la realidad es que este sistema resulta muy manipulable y muy pocos trabajadores han denunciado las posibles irregularidades que sufren ante el temor a perder sus ocupaciones.

Entre otras cuestiones que también han estado sobre la mesa, está la reducción de cinco a cuatro días la jornada laboral semanal. Sin embargo, son testimoniales las compañías que lo han aplicado y no parece que esta iniciativa vaya a prosperar, al menos, en España. La pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores en los últimos meses, con una inflación de doble dígito, debilita la posibilidad de negociar esta reforma que para muchos empresarios reduciría la productividad.

La mayoría de los trabajadores, especialmente de los sectores de servicios, comercio, hostelería y oficinas llevan años reivindicando el fin de unos horarios que, según denuncian, les ahogan al tener que pasar prácticamente todo el día fuera de sus casas, lo que también implica gastos añadidos como comer fuera, más horas de aparcamiento o la imposibilidad de conciliar.

El modelo de horario que los trabajadores piden en España es muy similar al europeo, cuya productividad es muy superior a la que existe aquí, con jornadas que no se prolongan más allá de las seis de la tarde con una regulación de horas extraordinarias, salarios competitivos y mayor flexibilidad.

El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, calificaba de «esclavitud» la libertad de horarios en los centros comerciales de Madrid con jornadas que se extienden hasta las 11 de la noche y con salarios de precariedad que no superan el SMI, lo que en la mayoría de las ocasiones, les impide no solo no conciliar o tener una vida ordenada que les permita pagar una hipoteca, la letra del coche o disfrutar de vacaciones, sino hacer otro tipo de actividades como mejorar su formación, ir al gimnasio o visitar a familiares dependientes.

Empatía

En conclusión, la mayoría de los asalariados considera que si bien muchas de sus reivindicaciones laborales no pueden realizarse ahora como, por ejemplo, mejorar su retribución, una jornada semanal de cuatro días o las 32 horas que piden los sindicatos, sin embargo entienden que la empresa debe empatizar más y pensar en unos horarios más flexibles y motivadores, que les facilite una vida familiar con mayor calidad y que les permita mejorar la productividad. La crisis económica y la pandemia han demostrado que se pueden cambiar muchas cosas, entre ellas los malos horarios.