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Al abrigo de un humedal

Ana Martínez
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La vida de la población de Ossa de Montiel gira en torno a las lagunas de Ruidera, parque que ofrece multitud de oportunidades en el ámbito laboral

Imagen del parque de Nuestra Historia de Ossa de Montiel. - Foto: José Miguel Esparcia

Tan numerosos como diferentes entre sí son los atractivos que se encuentran en Ossa de Montiel, una localidad que no se puede desligar de las Lagunas de Ruidera, pero tampoco del ciclismo ni del Quijote. Enclavada en un entorno ecológico privilegiado, bañado por 15 humedales protegidos como parque natural, el agua ha sido y sigue siendo la principal fuente de riqueza de Ossa de Montiel, cuyo binomio con las lagunas es inexorable.

Si bien una buena parte de su población mira de frente a las posibilidades turísticas que brindan las lagunas, con la explotación de establecimientos hosteleros y hoteleros y hasta medio centenar de casas rurales, Ossa de Montiel tiene otros muchos encantos en su casco urbano, de los que presumen sus más de 2.200 vecinos, cuyo punto de encuentro suele ser la plaza de la Constitución, centro neurálgico en el que se encuentra la Casa Consistorial.

Antonio Losa Muñoz es un oseño -«o corchete, como se nos conoce coloquialmente», observa-, que con 29 años de edad y 12 en sus espaldas viviendo en Albacete regresó hace tiempo a su pueblo natal:«Nunca me desvinculé, no falté ni un solo fin de semana». Porque, dice, ser de «la Ossa» es un «sentimiento que llevamos muy dentro, que tenemos muy arraigado».

A pocos pasos de la plaza de la Constitución se encuentra la iglesia de Santa María Magdalena, construida a finales del gótico. Su fachada está rematada por una llamativa espadaña que sirve de campanario y se abre a la portada en arco de medio punto enmarcado en un alfiz.

No obstante, la iglesia se construyó sobre el 1200, pero no fue hasta el 1410 cuando fue sometida a una primera reforma, coincidiendo con el otorgamiento de La Picota, símbolo de la independencia de la villa.

El lugar más frecuentado por niños y adolescentes es La Glorieta, un pequeño y coqueto parque que en 2019 tuvo que ser rehabilitado tras la riada que asoló las calles de la localidad. Además de zona de juegos infantiles y de elementos biosaludables para mayores, el parque cuenta con un escenario para realizar las actividades infantiles de verano y con una singularidad muy valiosa:los caños, una construcción de piedra de sillería de la que mana agua de forma natural para el consumo público.

Hasta que no llegó el alcantarillado, los caños eran la fuente pública hasta la que caminaban los oseños para llenar cántaros y botijos.

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