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Editorial

A Sánchez le preguntan por los grandes pactos y responde por Madrid

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El regreso de la escena política tras el parón de la primera Semana Santa 'normalizada' en tres años tuvo al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como protagonista en la jornada de ayer a cuenta de una entrevista que concedió a Antena 3. Allí, el jefe del Ejecutivo nacional volvió a hacer uso del ajado manual con el que trata de justificar todas y cada una de sus acciones. Como los malos entrenadores, siempre encuentra en algún factor externo la causa de sus clamorosas deficiencias, desterrando toda suerte de culpa en cuestiones que tienen a su Consejo de Ministros en la cúspide de la responsabilidad. Pero esta vez fue más allá.

Lejos de aceptar que España está inmersa en un proceso inflacionista propio de los años 80 o de entender que el país pide a gritos el regreso a la concordia y a los pactos de los constitucionalistas, el presidente del Gobierno continúa encastillado en su palaciega condición, dispuesto a seguir una serie de proclamas de invernadero político sobre las que nada se puede construir. Tiene Sánchez sobre la mesa una oferta pública del nuevo presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, para limitar el poder de terceros partidos (así se llame Unidas Podemos o Vox) y sortear contextos de bloqueo permitiendo que gobierne siempre la lista más votada. A esa propuesta no ha sabido responder con un criterio adulto. Más aún, se limitó a hablar de las denuncias por la compra de mascarillas en Madrid como si eso legitimara su tancredismo frente a los problemas económicos que acechan a una España que vive de Europa y del apalancamiento y que comienza a repetir guiones de dramático final para la ciudadanía. Todo, apuntalado con un párvulo argumentario que rechaza la bajada de impuestos a las clases medias y bajas porque con ese dinero, sostiene, se pagan los servicios públicos. Una visión tan reduccionista que produce rubor y no es sino la enésima prueba de que su Ejecutivo es incapaz de gestionar si no es exprimiendo a la ciudadanía y defendiéndose de forma cada día más populista. 

Sánchez jamás aceptará un pacto de Estado con el PP. No lo hará porque su único argumento político, replicado con autómata obediencia por los cuadros autonómicos y locales, es que viene la «ultraderecha» y los populares van a ser sus socios. Y ahí se acaba todo el debate político, que ya ha alcanzado un nivel que produce lástima y retrata al personaje. Y es en esa simpleza donde a Núñez Feijóo se le abren las puertas del cielo. El nuevo líder popular no ha tenido que mover un dedo para disparar las encuestas a su favor. Si a eso sabe sumarle una acción opositora propositiva, de concordia y basada en políticas serias aceptadas en el marco europeo y volcadas en devolver a la ciudadanía parte del brutal esfuerzo fiscal que pesa sobre ella, no queda duda de que Sánchez agotará, como también advirtió, la legislatura. Pero no por los motivos que él aduce.