PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Los ‘otros’, los apestados

25/09/2020

Uno de los efectos más infames y perversos que la pandemia está teniendo en la sociedad española, y al que no son en absoluto ajenos los dirigentes territoriales respectivos, es el de criminalizar a los vecinos. Sirven para ello las fronteras de las Comunidades Autónomas algunas de reciente invención y trazadas tan a capón como se consumó el disparate territorial, cada vez es más claro que lo fue, de 17 reinos de taifas, que en vez de resolver el problema nacionalista lo ha agravado hasta el paroxismo y solo ha servido para crear otros nuevos. Como este que comienza a aflorar de señalamiento de los ‘otros’ como culpables de ‘nuestros’ males y que es un hachazo más en el descuartizamiento del sentimiento común como ciudadanos de una misma patria. Como si no tuviéramos ya bastante con el odio ideológico, de memorias bisojas y rencores viejos, que con el comienzo del nuevo siglo se comenzó a desenterrar y hoy mismo se sigue abonando y esparciendo con la mayor insensatez.
El señalamiento de determinadas zonas como apestadas, la que se ha puesto en nuestro caso en la diana es Madrid, me causa una profunda tristeza y me produce una sorda ira. Porque lejos de intentar sosegar esos clamores de campanario aldeano tocando a rebato ante el ‘invasor’ por quienes tienen la obligación de ser, al menos, sensatos viene a suceder lo contrario. Siempre se está presto a descargar la culpa. Y claro, quien mejor que el lindero. Siempre ha sido así.
En todo lo sucedido y por suceder, pues está muy lejos incluso el que empiece a acabar, con la enfermedad que no ha cambiado la vida a todos, los errores cuando no cosas aún mucho peores han superado por goleada a los aciertos. Estos ha sido la muy escasa excepción. Los despropósitos se han sucedido y han sido la moneda común y más general y siguen siéndolo, no ha escarmentado nadie, de la que no ha quedado exento nadie con independencia de su color, ni el gobierno central, ni los de las autonomías, ni alcaldes ni todo aquel con cargo o sin él. La propaganda política se encarga de señalar y magnificar los desaguisados ajenos y se ocultan los fiascos propios y hasta se pretenden vender como logros, cuando lo que resulta en verdad difícil es salvar a alguno y para inmejorable ejemplo tenemos la foto del presidente Sánchez y la presidenta madrileña Ayuso.
Pero voy más a lo cercano, a la cotidianidad, a la percepción, otra es la de los medios televisivos de comunicación que han hecho de la desinformación su guía, que la gente de a pie acaba por tener de la realidad. Ahora pareciera que la peste está solo en Madrid y que solo allí brotan los focos a espuertas, se confina de nuevo y además se hace contra los pobres y que en el resto estaríamos a salvo si no fuera por ello. Es tan mentira como afirmar que en la capital no pasa nada. No. está pasando algo muy grave que ya se ha sufrido y se sufrirá aún más. Zonas confinadas y en esta segunda ola que también se quiso negar, las hay ya en una mayoría de comunidades autónomas y todo indica que se ira a más y a peor de aquí a nada. Puede que cuando ustedes lean estas líneas ya la situación este hirviendo y desbordada. En mi provincia, Guadalajara, ya son varias las poblaciones al completo a las que se han impuesto severas restricciones, tanto en el corredor del Henares como en núcleos más rurales. Y les aseguro que sin distinción de color. El virus no distingue eso y si somos tan idiotas de hacerlo nosotros será, es ya, el colmo de la estupidez más aberrante.
Pero miren, es que hay más. Para todos aquellos que claman contra el ‘Origen del Mal’ resulta que las cifras y la realidad tapan de inmediato la boca. Ahora se cuentan los contagios, sobre todo, pero me temo que empezaremos ya a contar de nuevo los muertos, aunque de nuevo se oculten y no se quieran contar pues desde julio aquí la sobremortalidad es mucho mayor de la que se quiere reconocer y añade varios miles más a la ‘cifra oficial’. Y las cifras de mortalidad y letalidad del coronavirus, esto es de número de muertos por millón de habitantes, que es la forma correcta de medir pues hacerlo en términos absoluto la falsea, o el porcentaje de fallecidos por número de diagnósticos dio allá por mediados de mayo un resultado sorprendente. ¿Saben cuál fue la región triste número uno en ambos casos? Se lo recuerdo, y eso con las cifras oficiales que el Tribunal Superior de Justicia tiró por tierra, pero ahí siguen como ‘buenas’ cuando se han escamoteado, como a nivel nacional, un puñado de miles, casi la mitad. Castilla-La Mancha con 1.393 muertos por millón de habitantes ocupaba la terrible primera plaza, seguida en el ranking por Extremadura y Aragón. Madrid era porcentualmente la cuarta. En letalidad, Castilla-La Mancha era también cabeza y con un dato terrible, el 17% de los diagnosticados habían fallecido.
Ahora no será así, en el último caso es ya evidente, entonces se diagnosticaba y se hacía en muchos casos test solo a los ya graves y ahora ese índice es muchísimo menor de lo que solo cabe una cosa, alegrarse y desear que acabe por ir hacia el cero cuanto antes mejor. Y en cuanto a los datos de mortalidad también la mejora es muy sustancial y el deseo exactamente igual en el dato anterior. Y si algo me gustaría también es no tener que hablar de ranking tribales y utilizaciones partidistas de las cifras, pues aquellas fueron replicas a un feo y sectario señalamiento de Rafael Simancas contra su propia comunidad que le reventó en plena cara. Lo que viene, que nunca se fue, aunque se cantó victoria y se alardeó de triunfo y salida (’Más fuertes’ ¿se acuerdan?) cae sobre todos. Las medidas habrá que tomarlas y respetarlas e igual me da que me da lo mismo, que se deban aplicar a una barriada madrileña de Vallecas que a un pueblo alcarreño como Mondéjar. Y si dejamos de señalar a los vecinos como los apestados nos ira mejor a todos. Pues vecinos también somos nosotros y también nos acabarán por señalar como tal.