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Sarasate, virtuoso del violín y compositor español

Antonio Soria
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En el 112 aniversario de su muerte rendimos tributo al gran violinista navarro Martín Melitón Pablo de Sarasate y Navascués, uno de los más altos exponentes del instrumento

Pablo de Sarasate. - Foto: T.M.

El año pasado, cuando nadie se imaginaba la situación de pandemia y este inicio de curso tan raro y complejo, tuve la ocasión de asistir como miembro de los tribunales que se organizaron para las oposiciones del cuerpo de catedráticos de música y artes escénicas en la comunidad foral de Navarra, celebradas en su flamante Conservatorio Superior (Nafarroako Goi Mailako Musika Kontserbatorioa) sito en una importante grupo de inmuebles que constituyen la ‘Ciudad de la Música’, junto al Conservatorio Profesional de Música, que sí lleva el nombre Pablo Sarasate y a unos tres kilómetros del Baluarte, Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra, sede de la Orquesta Sinfónica de Navarra que me presume de haber sido fundada por Pablo Sarasate en el año 1879 y de ser el conjunto orquestal en activo más antiguo de España.
Nacido en Pamplona, el 10 de marzo de 1844, cuando cumplió los 7 comenzó a estudiar violín en La Coruña, y más tarde en Santiago de Compostela y Pontevedra, arropado siempre por sus padres, conscientes de su talento. Le gustaba mucho asistir a los ensayos de su padre, músico militar, al frente de la banda del Regimiento de Aragón. Pronto contó con apoyos como el de la condesa de Espoz y Mina, cuya pensión le permitió marchar a Madrid, y con tan sólo 12 años consiguió ser becado por la Reina Isabel II para continuar sus estudios en el Conservatorio de París con Jean-Delphin Alard, bajo cuya dirección, en un año, consiguió el Premio de Violín, comenzando en 1957 una carrera internacional con grandes éxitos y reconocimiento.

 Fallecido un día como hoy, 20 de septiembre de 1908, hace justo 112 años, Sarasate fue admirado no sólo por el público sino por los máximos especialistas y compositores que le dedicaron sus obras, como Camille Saint-Saëns (Conciertos núm. 1 y 3, Introducción y rondó caprichoso), Édouard Lalo (Concierto en fa menor y Sinfonía española), Max Bruch (Concierto núm. 2 y Fantasía escocesa), Joseph Joachim (Variaciones para violín y orquesta), Henryk Wieniawski (Concierto nº 2), Antonin Dvorák (Mazurek), etcétera. También compuso sus propias obras (existen catalogadas aproximadamente medio centenar) que interpretó con rotundo éxito ante un público siempre entregado, y recibió el reconocimiento internacional con premios como la Cruz de Primera Clase de la Orden de Federico de Würtemberg y la Medalla de Mérito Mecklemburgo-Schwerin (ambas en 1882), Caballero y Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, o en su país, entre otras distinciones, fue nombrado Caballero gran cruz de la Orden de Isabel la Católica. Grandes honores para un grande de la Música.