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Pedro J. García

Pedro J. García


Los cofrades

15/04/2022

Mi participación activa en Semana Santa, de niño y joven, se limitó a ser monaguillo del siempre recordado don Eduardo y apóstol figurado en el lavatorio de pies de Jueves Santo, porque en aquella época, en mi pueblo, Alcadozo, todavía no había cofradías y las procesiones se realizaban con las imágenes justas y portadas por los vecinos, que nos alternábamos en la tarea. Pequeña y humilde Semana de Pasión, en contraste con otras más grandes y brillantes, como las de las cercanas Tobarra y Hellín, de las que podíamos disfrutar como visitantes.

Afortunadamente, aunque ya tarde para mí, llegaron las cofradías a mi localidad y, sin perder la humildad, los cofrades, al igual que los de otros municipios más grandes y con mayor tradición, se esmeran para que los desfiles procesionales sean lo más brillantes posibles. Siento admiración por este colectivo, ya que meses antes de la llegada de la Semana Santa comienzan con los ensayos, llenos de ilusión, en horarios intempestivos, robando horas al tiempo libre o a la familia y descontando los días que faltan para que llegue el desfile procesional en el que participarán.

Esa ilusión no siempre tiene recompensa, como en los dos últimos años por la pandemia del coronavirus, o como el martes y el miércoles en la capital por la lluvia. La tristeza del momento dura lo que tarda en llegar el pensamiento del próximo desfile procesional, que nuevamente se preparará con todo el esmero del mundo y con la esperanza de que será el mejor.

Los cofrades son de otra pasta y, por todo esto, les muestro mi admiración y les deseo que durante el resto de Semana Santa la meteorología sea favorable para que puedan brillar en lo que para ellos, año tras año, es su pasión.