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Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


El Rey en Salesianos

25/01/2022

Sobre el solar del que fue nuestro excelente Colegio Salesiano, el querido Rey Felipe VI inauguró el nuevo edificio de Justicia de Albacete. Desde aquí nuestra felicitación muy sincera al presidente del TSJ, mi amigo y eminente jurista, Vicente Rouco, pues ha peleado como nadie con la idea y, finalmente, la ha visto plenamente realizada. Ya son dos los reyes que han inaugurado la sede de Justicia en Albacete. Primero, don Juan Carlos abrió la del Altozano, sede que se llevó por delante una obra maestra como fue la vieja Audiencia Territorial de nuestro arquitecto Francisco Jareño. Y ahora, don Felipe inaugura la nueva sede sobre lo que fue el solar que albergó el mejor proyecto educativo que nunca tuvo Albacete como fue el de los Salesianos. Congregación que nos legó una forma cristiana de entender la vida, humanista, solidaria, participativa e integradora. Sabe muy bien Vicente Rouco que me alegro por la flamante sede, como albacetense y jurista, pero también conoce que me duele como a nadie que, para levantarla, hubiera que tirar aquel edificio tan singular y con tanta historia para miles de albacetenses. Recordemos que el edificio fue inicialmente protegido por el Ayuntamiento, pero de la noche a la mañana se descatalogó, con la anuencia de la Junta de Castilla-La Mancha, para encontrarle hueco a esta sede. Una pena. Y lo peor de todo, se hizo ante el silencio casi total de esos miles de antiguos colegiales salesianos que por allí pasamos. Cuánto desagradecido. De aquella ilustre manzana, con el Colegio, con la estupenda fábrica de Cervezas El Águila, magnífico ejemplo de arquitectura industrial, nada queda, salvo decenas de impersonales edificios. Qué difícil se hace ya para mi generación y la anterior reconocer nuestro Albacete. El viernes el Rey pisaba el solar donde los Salesianos, desde el carisma de Don Bosco, nos hicieron amar el deporte, el cine, el teatro, el respeto hacia el otro y, especialmente, el compartir con el semejante que de todo carecía. De aquella escuela de vida no se ha conseguido ni una mínima placa que lo recuerde. Pero lo que nadie podrá borrar es el hierro que de por vida marcaron en nuestra alma aquellos Salesianos de Albacete. Felicidades a la admirada magistratura por esta flamante sede.