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Enrique Belda

LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Las noticias fuera del país: caldo para la desinformación

27/09/2022

En esta serie de colaboraciones venimos denunciando desde hace años la manipulación que la gente, todos nosotros, hacemos de cualquier tema reduciéndolo a esquemas simplistas de blanco/negro, bueno/malo, evitando llegar a una aproximación de las verdades, que suelen estar en un punto, más o menos medio, entre los extremos. Cuando, encima, se trata de opinar sobre una cuestión que pasa en otro país, la distorsión de la realidad alcanza proporciones significativas.
Conscientes de ello, los antisistema de cada nación eligen defender su posición política fuera de su tierra. Así, tienen la capacidad de vender su producto desde cero, aprovechando que en el país a donde van a realizar el montaje la opinión pública no tiene elementos de juicio suficientes para ponderar el estado de cosas. Por lo tanto, a base de buenas palabras y poses angelicales, la pócima se la compran seguro. Muchas sociedades cuando hablan del extranjero acumulan tantas ideas preconcebidas como la española, pero con una reconocida capacidad de sentirse por encima del bien y del mal, sosteniendo la ignorancia de muchas reglas internacionales como bandera.
Sin embargo, no creo que sea operativo ni decisivo entrar en debate con cada personaje que decida hacer su revolución particular: la ignorancia es la mejor forma de poner en su sitio a este tipo de gente. El dinero y los medios hay que gastarlos para amparar y dar eco a los centenares de líderes sociales que verdaderamente necesitan protección porque en su país los matan, y son perseguidos hasta el extranjero, para envenenarlos, apalearlos, o ensuciar su lucha.
La grandeza del derecho de asilo y de la condición de refugiado exige pasar por completo de ciertos activistas y centrar la atención en aquellos que de verdad requieren esta figura. El conflicto de Ucrania nos certifica quién sale porque lo matan de allí o de Rusia por protestar, y ninguno de estos tiene nada que ver con los que marcharon de Cataluña o el País Vasco en distintos momentos álgidos de reivindicaciones territoriales. A ver si se enteran muchos bondadosos corazones belgas o americanos.