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Elena Serrallé

Elena Serrallé


Mi adicción

17/08/2022

Este verano me he vuelto adicta a tomarme las cosas con calma, a moverme sin reloj, a no querer recordar, dónde vi por última vez el móvil, adicta a no permitir que nada ni nadie sobotee mi tranquilidad, adicta a esta paz de mi pueblo preserrano.
Este verano me he propuesto no correr, vivir sin prisas, sin el cañón del tiempo presionando mi sien, adicta a las noches de perseidas, a las noches dormidas, a las noches reídas y al teatro en mis días. Adicta a los reencuentros con quienes eran niños cuando yo también era niña, cuyas sonrisas permanecen perennes y sus cabezas blanquean tímidamente. 
Adicta a los tomates que saben a tomate, esos que te entregan unas manos curtidas y sabias. Adicta a al cuestionario repetitivo acerca de si esos zagales tan altos y tan guapos que persiguen mis pasos son mis hijos. 
Y poco a poco voy respirando, recuperando mi pulso, descansando la mente,  mientras la agenda, por paradójico que suene, hiberna al calor de estos días que saben a gloria bendita. Si madrugas en el pueblo, se respira en el mejor aire del mundo. El frescor del amanecer es un lujo al que no pienso renunciar. La despedida naranja del sol tampoco desmerece, bordeando los campos recién cosechados.
Y por las noches, sentados al fresco, como manda la tradición, disfrutando tertulias trasnochadas, compartiendo confidencias preocupadas, recordando anécdotas memorables, exprimiendo el jugo a la verdadera felicidad. Bendita adicción, bendito verano, benditos estos momentos en que me siento la mujer más afortunada del planeta.

ARCHIVADO EN: Teatro, Astronomía