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La influencia de un río

Ana Martínez
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Valdeganga supo convertirse a sí misma en una pequeña capital rural, en la que destaca la alta participación de los vecinos en las actividades lúdicas

La influencia de un río - Foto: Arturo Pérez

Aman su tierra por encima de todo. A la legua se les nota que son de Valdeganga, porque solo tienen buenas palabras para la localidad que las ha visto nacer, crecer y educarse como personas. Feli Monteagudo Molina es muy popular entre los vecinos del pueblo, donde durante muchos años ha ejercido de maestra. Por su forma de ser, Feli es esa mujer que está metida en todos los saraos y que anima a los jóvenes a participar en cuantas actividades se organizan a lo largo del año. 

A su lado, Isabel Landete, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres, también conoce muy bien las calles y rincones de Valdeganga, un municipio con gran devoción a la Virgen del Rosario, su patrona, que se venera en la iglesia parroquial de la Purísima Concepción, donde curiosamente se canta misa todas las mañanas, a excepción de los lunes, además de celebrar la Hora Santa todos los miércoles por la tarde. Todo ello, a pesar de que el párroco de Valdeganga, Herber, también se encarga de las parroquias de la Rivera de Cubas y de Tinajeros. 

La iglesia de la Purísima Concepción es un templo sencillo, «pero muy acogedor», aclara Feli. Su limpieza, como en otros muchos pueblos, corre a cargo de un grupo de mujeres que hacen sus propios turnos por mes. Inaugurada en 1600, se trata de una sola nave con planta de cruz latina rematada con bóveda de lunetos, cuya torre cuenta con cuatro campanas, la más antigua de 1640 se encuentra encima del reloj y la conocen como Santa Teresa. «El mejor patrimonio histórico de nuestra iglesia es la fe de las personas», apostilla Isabel.

El templo cuenta con un acceso que se denomina Puerta de los Pies, por el que transcurre una calzada romana que ahora está tapada. De su interior destaca el altar mayor con un retablo de estilo barroco-rococó, que está bañado con pan de oro.

Si algo destacan Feli e Isabel de Valdeganga es que es una comunidad «súper acogedora» y la amplia oferta de actividades de ocio con la que cuenta a lo largo del año, gracias a la organización por parte de su Ayuntamiento y, sobre todo, «a la participación de los vecinos, somos un pueblo muy implicado y por eso se hacen tantas cosas», aseguran ambas mujeres, a lo que añaden que todo valdeganguero tiene «unos valores estupendos, somos participativos, alegres, les gusta trabajar por el pueblo».

Valdeganga cuenta en la actualidad con unos 1.900 residentes de forma permanente. Su casco urbano presenta una fisionomía tradicional manchega, con manzanas muy cuadradas y viviendas tan humildes como sencillas. Curiosamente, entre su población se encuentra mucho personal sanitario, trabajadores de los dos hospitales de Albacete que han optado por residir en Valdeganga debido a su cercanía con la capital y su buenas comunicaciones.

Ya en el municipio está en activo una fábrica de zapatillas infantiles, si bien la mayor fuente de riqueza de Valdeganga es la agricultura, especialmente la viña, de ahí la existencia de la cooperativa San Isidro.

«Lo que ocurre en Valdeganga es que muy poca gente se ha ido de aquí, aún siendo jóvenes prefieren tener aquí su casa, aun trabajen fuera del pueblo», relata Isabel, que pone el ejemplo de sus dos hijos, uno de ellos trabajador de la cooperativa, la otra maestra en Motilleja: «Afortunadamente, los dos viven en Valdeganga».

Una circunstancia que ha permitido que en el inicio del curso escolar, la guardería municipal alcance casi la veintena de niños de cero a tres años y que el colegio Virgen del Rosario, en el que trabajó Feli, hoy maestra jubilada, llegue a una matriculación de unos 150 alumnos. «Mis hijos –dice la docente- también se han construido aquí sus casa y vienen todos los fines de semana».

Una relevante hostelería. Una de las características de Valdeganga, y por lo que llama la atención, es la cantidad de establecimientos hosteleros que tiene. Por este motivo, Feli señala que una de las carencias del municipio es la falta de camareros. «Somos gente de estar constantemente en la calle, y con el verano y las terrazas, han tenido muchísimo trabajo, porque aquí se come muy bien y esto es un reclamo para los turistas los fines de semana», apunta Isabel.

Valdeganga también cuenta con un buen catálogo de instalaciones públicas, desde campo de fútbol de césped hasta pabellón polideportivo, pasando por la piscina de verano, biblioteca con club de lectura integrado por 18 usuarios, la mencionada guardería, centro de salud, farmacia, colegio de Infantil y Primaria... Además, «tenemos matrona y pediatra», pero no médico de urgencias, para lo que tienen que desplazarse a Casas de Juan Núñez. También están operativos dos gabinetes de fisioterapia, un centro de día para mayores y habilitada una clase en el colegio para alumnos con discapacidad.

Se completa con un par de supermercados, panaderías, tiendas de comestibles, carnicerías, pastelería, peluquerías y hasta cinco centros de estética y una boutique, cuatro entidades bancarias… Por eso, «no echamos nada de menos, no solo porque tenemos todo lo que podemos necesitar, sino porque es un pueblo muy activo, muy dinámico y con muchísimas actividades que no dejan paso al aburrimiento», dice Feli.

Nombra especialmente la actividad de la Asociación de Mujeres de la que es presidenta, porque la considera un motor dinamizador de la sociedad valdeganguera. Para hacerse una idea de esta participación, la última cena de Navidad de 2019 se tuvo que celebrar en el centro cultural del municipio ante la asistencia de más de 320 mujeres.

Aseguran que en Valdeganga no están notando los efectos de la España vaciada, porque los autóctonos «estamos muy satisfechos de cómo vivimos; de hecho, los maestros cuando los trasladan no se quieren ir». Incluye a los más jóvenes de la localidad, adolescentes que tienen que coger cada mañana el transporte escolar para estudiar a partir de Secundaria en Albacete, mayoritariamente en el IES Universidad Laboral. «Ellos vuelven a mediodía y se reúnen en la plaza y, los más mayores, en el Madre Mía, un bar de fiesta».