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Alcásser, una herida abierta

EFE
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La acusación popular se resiste a dar por cerrado el caso del triple asesinato mientras el paradero de Antonio Anglés siga sin conocerse

Alcásser, una herida abierta - Foto: JUAN CARLOS CARDENAS

Treinta años después, el caso Alcásser todavía sigue provocando un estremecimiento en la memoria colectiva. Ayer se cumplieron tres décadas de la desaparición de las tres niñas de esta localidad valenciana (Miriam, Toñi y Desirée), uno de los hitos criminales más graves de la historia reciente de España y cuya trayectoria judicial mantiene un hilo de actividad para aportar más evidencias sobre lo sucedido o cimentar la acusación contra el prófugo Antonio Anglés, protagonista junto al condenado Miguel Ricart del triple crimen. El paradero de Anglés sigue siendo el mayor misterio de aquella tragedia que conmocionó a toda España.

Las tres menores, de 14 y 15 años, salieron de casa de una amiga un sábado 13 de noviembre con la intención de acudir a una discoteca cercana a la que nunca llegaron. Sus cuerpos fueron hallados el 27 de enero de 1993, 75 días después, semienterrados en una paraje montañoso de la localidad de Tous.

Este crimen se juzgó en 1997 (el Supremo confirmó la sentencia en mayo de 1999) con Miguel Ricart como único procesado, y fue condenado a 170 años de prisión. Actualmente tiene 53 años y salió del centro penitenciario de Herrera de la Mancha (Ciudad Real) en noviembre de 2013, tras ver reducida su sentencia a 21 años por la suspensión de la doctrina Parot.

Los jueces de la Audiencia de Valencia consideraron probado que las niñas fueron raptadas el 13 de noviembre de 1992 por Ricart, otro varón identificado que no fue detenido (Anglés) y posiblemente alguna persona más.

La investigación judicial sobre lo sucedido, está completamente agotada, aunque queda abierta una pieza dedicada exclusivamente a la localización de Anglés, uno de los prófugos más perseguidos de toda Europa.

En el marco de esa actuación, en los últimos meses la Asociación Laxshmi para la lucha contra el Crimen, que ejerce la acusación popular, solicitó al instructor varias pruebas en los vehículos incautados a Ricart y Anglés y pidió al juzgado que dé un impulso procesal a las pruebas aún pendientes de resultados «utilizando las técnicas más modernas que posean».

Así, se ha reactivado el análisis de pelos y otros posibles restos forenses en los vehículos, se ha impulsado la búsqueda de ADN en la ropa interior de las tres niñas asesinadas y otros elementos encontrados en varios escenarios relacionados con este suceso, como la alfombra en que fueron envueltas tras su violación, tortura y asesinato.

El juez ha ordenado analizar de nuevo en busca de posibles indicios una sábana blanca que cubría un colchón de espuma en la caseta del paraje de La Romana (donde supuestamente se retuvo a las niñas durante la noche), varias fibras del forro de un colchón hallado en el mismo lugar, ropa interior de Toñi, las camisetas de Desirée y Miriam, un pedazo de tapizado del Opel Corsa de Miguel Ricart, unas raspaduras tomadas del interior de la citada caseta y de un trozo de madera del mismo lugar.

A finales de los años 90, algunas de estas muestras dieron positivo en pruebas orientadoras sobre semen o sangre pero, o bien no dieron confirmación en pruebas posteriores o no se practicaron análisis detallados por falta de tiempo, ni se obtuvo ADN, posiblemente por la baja sensibilidad de las pruebas y tecnología de ADN de la época, opinan los especialistas que han instado estas pruebas. Ahora, se espera que los avances técnicos aporten luz a un caso que sigue abierto.