EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


‘Way out’

22/04/2021

Supongo que recuerdan la polémica desatada hace unos años al conocerse los bajos precios del gin-tonic de ‘Larios’ en el Congreso, que entonces estaba a 3,45 euros, y el de ‘Beefeater’ a 5,05 euros. Enterados de que nuestros diputados disfrutaban de tan bajos precios en el bar del Congreso, se cerraron todas las incógnitas sobre el habitual y extraño comportamiento de sus señorías en las sesiones parlamentarias. Ante la polémica, afortunadamente se hizo caso omiso a las peticiones de algunos diputados locos e impresentables, que incomprensiblemente pedían que se eliminaran las bebidas alcohólicas «por no ser necesario ofrecer esos productos en un centro de trabajo como el Congreso».
Y como no podía ser de otra manera, estos precios están subvencionados. ¡Camarero, otra ronda!, que invita el contribuyente. El caso es que, si no me equivoco, hoy las cañas son a 0,96 euros, los cafés a 0,95, los desayunos a 1,08 y el menú a 7,80. Esto hace evidente la relación directa entre nuestro gin-tonic de 3,45; hortera, de colorines, gominolas, uvas, granos de café, pétalos de rosa, frambuesas, frutas exóticas, canela o romero, con el perfil básico del diputado español, sometido a un mandato imperativo de facto en relación al partido político al que pertenece, en lógica disciplina con unas listas electorales cerradas y bloqueadas. Y todo en una Cámara legislativa donde la mayoría de las leyes tienen origen en los proyectos de ley del Gobierno, que hace un uso excesivo de los decretos-leyes o los decretos legislativos.
Qué diferencia con el gin-tonic que degusta el diputado inglés, con hielo, ginebra, tónica, y un rizo de limón, sentado en su butaca de cuero, mientras se ajusta el gemelo de la camisa, orgulloso de ser parte del Reino Unido, esa familia de naciones «que siempre serán más fuerte juntas de lo que pueden serlo separadas». En cada trago refuerza la responsabilidad con sus electores, que lo han elegido de manera individual, en ese sistema electoral uninominal mayoritario simple, conocido también como ‘el primero pasa la posta’: Se divide el país en tantas circunscripciones como parlamentarios hay. De cada uno de estos distritos saldrá únicamente el parlamentario que más votos haya conseguido, lo que significa que no se computan los votos totales en el conjunto del país, sino simplemente en el distrito.
En el buen funcionamiento del sistema inglés tiene mucho que ver la conocida y estrecha relación que existe en el Parlamento británico entre la política y el alcohol. En el ‘The Strangers’, uno de los bares del palacio de Westminster, solía haber en la pared, situado a pocos centímetros por encima del zócalo, un letrero que ponía ‘Way out’, indicando la salida. La leyenda dice que el cartel estaba a esa altura para ayudar a orientarse a los que dejaban el local a gatas.



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