Editorial

Es preciso decretar el estado de alarma, pero también el de responsabilidad

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La segunda ola del coronavirus sigue al alza con los datos que se ofrecen a diario sobre nuevos contagios y fallecidos en nuestro país. Una segunda ola que en España, en comparación con la mayoría de países de Europa, tuvo un anticipo con la resaca veraniega, ya que tras los meses vacacionales por excelencia, julio y agosto, comenzaron a incrementarse las cifras en nuestro país de forma paulatina, hasta que en las últimas semanas ese aumento es más pronunciado y a esta segunda ola no se le atisba la cresta, aunque parece todavía lejana, en base a las declaraciones de autoridades sanitarias y políticas, que indican que nos esperan todavía varios meses duros. Sin ir más lejos, el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció el viernes desde Moncloa para resaltar que la situación es grave.
Sánchez, ante este panorama, volvió a incidir en la responsabilidad, pero no adelantó ninguna medida concreta, por lo que distintos gobiernos regionales, que tras levantarse el estado de alarma volvieron a asumir la gestión sanitaria en sus territorios, solicitaron de manera formal al Ejecutivo que tome ya una determinación sobre esta cuestión y todo indica a que hoy será el día. Castilla-La Mancha se unió ayer a esta lista de comunidades autónomas y el Consejo de Gobierno regional, reunido en la mañana de ayer, acordó solicitar al Gobierno central la declaración del estado de alarma en España y el ámbito de la comunidad autónoma; un acuerdo que fue respaldado plenamente por PSOE, PP y Ciudadanos en la región. A este petición, que llegó a Pedro Sánchez vía carta del presidente regional, Emiliano García-Page, deberían unirse todas las comunidades que todavía no lo han hecho, porque, como se indica en la misiva, la petición es «con la finalidad de actuar con la mayor celeridad y eficacia, y preservar la salud de toda la ciudadanía, limitando la transmisión comunitaria del coronavirus».
No hace falta decir a estas alturas que está en juego la salud de todos los ciudadanos, porque el coronavirus no entiende de regiones, no selecciona entre madrileños, catalanes o vascos, por lo que es necesaria la unidad de acción, pero no sólo territorial, sino también a nivel de partidos, donde ahora las diferencias deben apartarse más que nunca para centrarse en las dos grandes preocupaciones, que son la sanitaria y la económica.
Por tanto, tan preciso como el estado de alarma es el estado de responsabilidad, pero no sólo de los ciudadanos, sino también de los dirigentes políticos a todos los niveles, porque de lo contrario, el toque de queda que se vislumbra se convertirá en un toque de atención de los españoles a nuestra clase dirigente.