Domingo Henares


Juego de tenis

25/10/2020

Como un estrago del coronavirus 2020, los españoles han presenciado atónitos la moción de censura presentada por VOX en contra del Gobierno actual. Propuesta ya dada por muerta de antemano, pues era cuestión de aritmética pura y se suponía que la Cámara no iba a dar los votos que son necesarios para derrocar a un presidente. Como así ocurrió, después de un hartazgo de discursos hueros, con esa manía de los oradores de recordar al telespectador la historia de España de cuarenta en cuarenta años. A veces los 80 últimos y, en ocasiones, el mandato de algún presidente anterior. Hasta llegar a Franco y sus consecuencias. Es el eterno discurso de nuestros políticos, ayunos de ideas más originales, como si los españoles hubieran perdido la memoria. Además, adornándose en la tribuna de oradores del Congreso a base de insultos de unos contra otros, como jugando al tenis cada diputado contra su adversario político.
Tal vez, por esa mala costumbre, nuestro voto es secreto, para que nadie sepa el nombre de quienes son responsables con su papeleta de los políticos tan mal educados, cuando se dirigen unos a otros en la casa de la palabra de honor. Que insulten fuera, si quieren. Y así entendemos por qué los parlamentarios, después del resultado de las urnas electorales a su favor, tendrían que pasar por algún examen de competencia mínima, antes de subir al estrado y llamarse tantas veces señoría. Como si cobraran un tanto por cada vez que así se dicen entre ellos.
  Esta ocurrencia del examen (como al profesor, al médico, al conductor de autobús…) fue la ocurrencia de un niño. Solo de uno.