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Francisco Muro de Iscar

MUY PERSONAL

Francisco Muro de Iscar

Periodista


Mentiras que buscan dañar

05/05/2022

España cae al puesto 32 en la clasificación mundial de libertad de prensa, según el informe anual de Reporteros sin Fronteras. Tres puestos más abajo que hace un año. Razones: la polarización mediática creciente; la confusión, mucho más creciente todavía, entre opinión e información; el abrumador peso de la información-desinformación política que oscurece todas las demás, especialmente en la mal llamada "prensa nacional"; la vulnerabilidad económica de muchos medios, que no sobrevivirían sin "apoyos" y que conduce a la dependencia política; la precariedad de los profesionales...
Debería preocuparnos esta situación, sobre todo a los lectores que compran un diario porque creen que en él van a encontrar una interpretación rigurosa de los datos y de la realidad. Son muy pocos los españoles que compran más de un periódico, o varias revistas o que escuchan diferentes emisoras de radio o de televisión. Casi todos buscamos lo que se identifica con nosotros y así, el contraste es muy difícil. Pero esta mala situación de la libertad de prensa en España no es mas que un reflejo de lo que está pasando en otros ámbitos sociales y muy especialmente en el de la política.
Casi todos nuestros políticos manifiestan un escaso respeto por la libertad de opinión y de expresión y como dice la magistrada Natalia Velilla, "la temperatura de la democracia de un país se mide precisamente en el respeto y ejercicio real de la libertad de expresión". La intransigencia, la soberbia, el autoritarismo y la frivolidad no son calificativos únicos de la extrema derecha que tenemos --que lo son en buena medida- sino de todas las fuerzas políticas. La mentira se ha instalado en el corazón de la política y a un lado y al otro se vulneran las reglas democráticas y se agrede a la verdad sin contemplaciones.
Un alto cargo de una relevante institución cultural acaba de escribir que no comprendió nunca a los que trataron de retrasar el fin de ETA (¡!). Pero es más grave lo que afirma después de esos españoles: "querían mantener negocios familiares relacionados con los guardaespaldas o ganar votos en campañas electorales". Es una afirmación miserable que se complementa más adelante: "la barbarie se alió con la sal de los que quisieron aprovechar los cadáveres despiezándolos en sus campañas electorales en favor de las bajadas de impuestos y la precariedad laboral". La mezquindad y el abuso de la mentira tiene todavía otro episodio en la misma pluma: "La derecha española solo está obsesionada con defender a las élites económicas y dinamitar la aspiración patriótica de un trabajo decente. En esa obsesión pierden el respeto a las víctimas y siguen haciendo uso demagógico de sus muertes".
Todavía falta tiempo para que se pueda hacer una historia real de lo que fue ETA, de la complicidad del nacionalismo vasco y de una parte importante de la Iglesia vasca, del apoyo de la izquierda a los asesinos porque pensaban que eran otro frente antifranquista y no una banda criminal. Los únicos que no han cambiado son las víctimas, ejemplares en su dolor, en el silencio e, incluso, en el perdón, que no en el olvido. Y algunos jueces ejemplares que siguen buscando a los culpables de más de 300 asesinatos que todavía siguen impunes.
Los asesinos, sin arrepentimiento ni colaboración con la justicia, son excarcelados o gozan de beneficios penitenciarios. Los exdirigentes de ETA campan libremente por el País Vasco, ocupan cargos políticos y son decisivos, para vergüenza de todos, en la gobernanza de España. Los familiares de las víctimas se encuentran en la calle con ellos o deben evitar ir a determinadas localidades donde siguen mandando los que impusieron el terror. Cientos de miles de ciudadanos vascos fueron expulsados de su tierra, como ahora está sucediendo en Ucrania. Y todavía hay que leer afirmaciones que buscan intencionadamente confundir la verdad, dañar la convivencia y fomentar la polarización y el odio. No se puede convertir en demócratas a quienes sólo quieren subvertir la democracia. Mentir debería costar el cargo.