Francisco Muro de Iscar

MUY PERSONAL

Francisco Muro de Iscar

Periodista


Vergüenza y dolor

21/03/2022

"Allí donde la toques, la memoria duele", decía el poeta griego Yorgos Seferis. Y claro que duele la decisión del presidente Sánchez de borrar el Sahara de la memoria española al dar a Marruecos vía libre para acabar con la resistencia y los derechos de un pueblo oprimido y perseguido y quedarse por la fuerza con un territorio que España, como potencia colonial, estaba obligada a proteger. Un territorio para el que la ONU diseñó un referéndum de autodeterminación que Marruecos abortó con una ocupación invasora ante la pasividad culpable de la comunidad internacional. Lo ha hecho Sánchez con nocturnidad y alevosía, sin debatirlo en su Gobierno, sin llevarlo al Parlamento y sin informar al principal partido de la oposición, demostrando que la política exterior tampoco es ya una cuestión de Estado. A Sánchez sólo le interesa solucionar sus problemas, al precio que sea.

Siento vergüenza y dolor por Aminatu Haidar, esa saharaui valiente que estuvo 32 días en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote porque Marruecos no le dejaba volver al Sahara y que ha luchado incasablemente en la denuncia de las matanzas perpetradas por Marruecos contra el pueblo saharaui. Y por Tarbak Haddi, que inició otra huelga de hambre porque no le dejaban ver el cadáver de su hijo, muerto en circunstancias sin esclarecer en una de las terribles prisiones marroquíes. Son solo dos ejemplos del dolor causado.

Vergüenza y dolor por ese gran pueblo que, a pesar del olvido de todos los Gobiernos de España, desde hace casi cincuenta años, ha seguido manteniendo su herencia española y nuestro idioma.

Vergüenza y dolor por esas miles de familias españolas que durante años han acogido en verano a miles de niños saharauis y por esos médicos que les han curado de múltiples enfermedades, imposibles de atender en las precarias condiciones del desierto de Tinduf.

Vergüenza y dolor por esos centenares de abogados españoles que durante años han acudido a El Aaiún a dar apoyo legal a sus compañeros y a los activistas saharauis, impidiendo que los juicios fueran un simulacro, reduciendo las durísimas condenas y logrando que muchos salieran de las cárceles en las que fueron injustamente confinados. Muchas veces esos letrados fueron retenidos, secuestrados y expulsados. Pero siempre volvían.

Vergüenza y dolor por muchos socialistas de bien que protestaron durante años por la opresión marroquí a los saharauis, por su anexión ilegal del territorio y que exigieron un referéndum de autodeterminación. "Me comprometo con la historia. Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final", les dijo Felipe González en 1976. Y todavía en 2019, ese compromiso era parte del Programa Electoral del PSOE de Pedro Sánchez.

Vergüenza y dolor por los políticos y periodistas españoles a los que Marruecos trata de silenciar, ha impedido viajar a las zonas de conflicto o, directamente, les ha expulsado.

Vergüenza y dolor por esa extrema izquierda que decía defender los derechos de los saharauis y que ahora sigue en el Gobierno, no convoca ni asiste a ninguna manifestación y calla dolosamente.
"Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros". Puro marxismo. De Groucho. Sánchez se equivocó con la impresentable gestión del "caso Ghali" y ahora, cree, entregando el Sahara y dejando a los saharauis a la intemperie, que ha logrado "reconducir" las relaciones con Marruecos --empeorándolas con Argelia, ojo con el gas-- y que de nuevo será el gendarme que impide los flujos migratorios a España. Se equivoca. Marruecos pedirá más, volverá al chantaje cuando le interese y seguirá reclamando Ceuta y Melilla, esas ciudades que no visitan los Reyes de España para no molestar al "vecino amigable" y que, hoy, gracias a la decisión insólita de Pedro Sánchez, continuando otros errores de Rodríguez Zapatero, están más cerca que nunca de ser moneda de cambio. Vergüenza por el presidente de mi Gobierno y dolor por un pueblo al que le han quitado su dignidad, su derecho a una tierra, a ser una nación y a vivir en libertad.