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Ilia Galán

LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Teatro Real o taberna

23/05/2021

Don Fernando, el emplazado, murió en escena, arrepentido, llamado por los fantasmas de quienes había injustamente ejecutado, más que ajusticiado, que de justicia con tiranos no hablamos, que los tiempos de Valentín de Zubiaurre eran románticos y revolucionarios y la corona solo si servía al pueblo, como ahora, se consideraba aceptable. Para eso ha permitido Dios que algunos se conviertan en nuestros casi sagrados dirigentes, para servir a todos. Sin embargo, cuántas veces la historia los desmiente. Véase el reino alauita, pues tanto descuida a sus súbditos que quieren salir corriendo, nadando, huyendo de sus injusticias y miserias...
Parece que se derrumba el mundo por los virus que cubren la tierra derribando vidas y empeños; parece que se desploma el país cuando entran los muchachos desde el África musulmana en nuestras plazas y fortalezas, en masa, por desacuerdos políticos y descarados abandonos; parece que una de las grandes necesidades del pueblo hispano son los bares y las cafeterías, pues constituyen el hogar de muchos y no solo de un modo simbólico. Ahora se ven las prioridades. En el metro de la capital todos los asientos se ocupan; en los teatros no, hay que dejar algunos vacíos. El ocio callejero parecía indispensable en un país como el nuestro; la cultura, no tanto, pero, sin embargo, siguen en pie memorables empeños, como el del Teatro Real, el único de los líricos abierto en Europa durante la ola pandémica de los últimos meses, y más cuando quiso reestrenar una obra que fue célebre en su tiempo y dio fama al padre del homónimo pintor vasco: los Zubiaurre. El coliseo quedó lleno de entusiastas aplausos ante una versión sin representar del drama; hallose hermosa música, con muchos aires italianos, a lo Bellini, que si no era genial sí era bastante buena y merecía conocerse (bastantes obras de los geniales nombres tienen menos valor que esta). España suele olvidar sus grandezas y desdeña a sus eminentes hijos, dejando obras excelentes enterradas bajo el polvo del olvido, véase qué fue de nuestro espléndido barroco: Nebra, Hidalgo y otros con textos de Calderón, véase este mismo que tuvo que ser rescatado por los románticos alemanes, por Goethe o Schopenhauer; véase la Alhambra de Granada abandonada que relata Irving... De ahí que este país de vinos, cañas y tapas, cafés y danzas, un país de pandereta muchas veces y que parece interpretar una zarzuela, resulte tan sorprendente cuando rescata lo mejor de su historia, cuando hace esfuerzos por mantener su patrimonio, pues diríase que se trata de excepciones. 
Por eso, mientras brindamos en la taberna con buenos vinos de la tierra, por la vida pese a que la muerte nos rodea, lo hacemos también por las grandes maravillas de los creadores que aquí se engendran, pues dan hermoso sentido a nuestra frágil existencia.