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Un respeto a la lógica del juego

Diego Izco
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Los favoritos ya no fallaron... y del gran duelo de la eliminatoria (Bélgica-Italia), el fútbol fue justo con el que mejor trató a la pelota

La selección española, en pleno éxtasis tras eliminar a Suiza después de una agónica tanda de penaltis. - Foto: Kiko Huesca

Los cuartos de final aplicaron cierta lógica a un torneo plagado de sorpresas. Los tres pronósticos más claros se cumplieron y en el duelo estelar (Italia-Bélgica) se impuso la otra lógica del fútbol: la del premio al que mejor juega. 

 

España-Suiza

Pudo ser un error de cálculo, pero España no pudo plasmar su superioridad sobre el recio bloque de Petkovic y tuvo que esperar hasta la tanda de penaltis para llevarse la gloria. Ese posible error se pudo generar cinco días antes, cuando Suiza eliminó a Francia: todo el mundo esperaba a los galos. Entre el temor de ser la segunda víctima de los suizos y la dificultad para encontrarle pasillos al cambio de sistema helvético (pasó de cinco a cuatro defensas), el conjunto de Luis Enrique fue plano y bastante gris... pero se dedicó a minimizar los fallos. Apenas cometió uno y Shaqiri lo penalizó con el gol del empate, el que llevaría el duelo a la prórroga primero y a los penaltis después. En la tanda emergió la figura de Unai Simón, que en la antevíspera había jugado el papel de villano por su grotesco error ante Croacia. Aunque en ese mismo partido ya pagó parte de los platos rotos, sus dos paradas en la tanda le redimen completamente. 
Puestos a importar paralelismos desde 2008, cuando la crítica atizó al asturiano por una convocatoria aparentemente suicida y nadie en España creía en la gloria, de aquella Eurocopa (precisamente disputada en Suiza y Austria) la selección se desquitó de la maldición de cuartos con una tanda de penaltis. Entonces fue Casillas el que sacó dos manos salvadoras y Cesc el que desató la euforia con el lanzamiento decisivo ante Buffon. El pasado viernes, fueron Simón y Oyarzábal los que repitieron la imagen. Un buen presagio. 

 

Bélgica-Italia

La caída del quinto ‘coco’ de la Eurocopa (tras Países Bajos, Francia, Portugal y Alemania) se jugaba en un exquisito duelo en Múnich. El lastre que cargaba Bélgica (Hazard lesionado y De Bruyne cogido con pinzas) era duro, pero apenas vale como una leve excusa ante el ejercicio de superioridad italiana. El bloque ‘azzurro’, rival español en semifinales, domina todas las facetas del juego con solvencia. Logró minimizar el impacto de Lukaku gracias al talento defensivo de la pareja Bonucci-Chiellini, 34 y 36 años respectivamente, pura compenetración y oficio. El belga anotó no obstante, aunque fuese de un penalti que solo existió en la mente de Vincic, el árbitro del partido. Lo pitó con ‘colchón de error’: para entonces, Italia ya vencía por 2-0. 
La generación dorada de Bélgica seguirá buscando la gloria en un gran torneo. Otra oportunidad quebrada, esta vez ante un equipo superior, que lejos de replegarse para conservar la renta (lo que pone en el libro de estilo de la ‘vecchia’ Italia) siguió adelante con el nuevo manual de Mancini: presión y dominio de la pelota. 

 

Dinamarca- Républica Checa

Del duelo más modesto de cuartos salió victoriosa la trabajadísima Dinamarca de Kasper Hjulmand. Una enorme camiseta de Christian Eriksen antes del duelo en Bakú recordó al bloque danés por quién y para quién están disputando esta Eurocopa. De una forma especial, casi mágica, los daneses están rindiendo por encima de sus posibilidades (a pesar de que se plantan en semifinales perdiendo dos de sus tres partidos en la fase de grupos y cargándose a Gales y República Checa en la segunda fase). Los checos se van con la cabeza alta, con el sentimiento amargo de una oportunidad perdida y con una joya expuesta al mundo,Patrik Schick, que marcó su quinto gol en el torneo... y aunque UEFAsostenga que el empate a cinco goles con Cristiano otorgaría la Bota de Oro al portugués (menos partidos), el hecho de que ‘CR7’ anotase tres penaltis y Schick ninguno le da una victoria moral al delantero de 25 años con el que el Leverkusen hará buena caja en verano. 

 

Inglaterra-Ucrania

Algunas predicciones apuntaban a este duelo como la única opción de parar a Inglaterra por un hecho diferencial:se trataba del único partido que no jugaría en su hogar, Wembley. Pero Roma, por el contrario, fue la sede del ‘destape’ inglés después de cuatro partidos de fútbol discreto, de crear encuentros con olor a cerrado. Y es que el ideario de Gareth Southgate es bastante ‘amarrategui’, y el planeta-fútbol, de alguna manera, no perdona que un equipo con tanto talento en ataque juegue con un espíritu tan defensivo. 
El 4-0 calló muchas voces. Por un lado, contentó a los defensores del fútbol de Southgate (Inglaterra sigue sin encajar un solo gol en la Eurocopa), pero por el otro también satisfizo a los que reclamaban más verticalidad. De entre las muchas noticias buenas para los ‘pross’, tal vez la mejor sea la aparición de Harry Kane en el momento decisivo del campeonato. Suyo fue el segundo gol ante Alemania y suyas fueron dos de las dianas que acabaron tumbando a Ucrania: el atacante del Tottenham llegó a la Euro con el objetivo de labrarse el futuro (quiere dejar White Hart Lane) y justificar la que sería la venta más cara en la Historia del fútbol inglés. 
De los ucranianos queda para la posteridad haber alcanzado cuartos de final de una Eurocopa por primera vez y la ‘incomparecencia’ ante los ingleses: entraron blandos al partido y a estas alturas cualquier favorito comprometido te arrolla.