scorecardresearch
Editorial

Las agresiones a sanitarios y docentes continúan

-

El Complejo Hospitalario Universitario de Albacete volvió a ser el escenario de una nueva agresión, la enésima, a una auxiliar de Enfermería. Los hechos ocurrieron el domingo por la noche y la trabajadora permanece de baja en su domicilio, mientras se recupera de sus lesiones físicas y, lo que es más grave, de sus secuelas psicológicas. El ataque recibido fue brutal y puso de manifiesto la falta de efectivos de seguridad en los centros sanitarios.

Este caso no es el único, ya que los profesionales sanitarios denuncian que casi a diario reciben amenazas verbales que no son denunciadas, y los casos de agresiones físicas se suceden a lo largo de los meses. Son minoritarios, sí, pero se producen de forma más o menos habitual.

La situación de vulnerabilidad de los profesionales de la Sanidad no es única, ya que las agresiones también se producen de forma periódica en los centros educativos. Los docentes son objeto también de amenazas y, en el peor de los casos, también agresiones físicas, que producen secuelas también psicológicas.

El principio de autoridad, tanto en un ámbito como en el otro, se merma cada día que pasa y muchos profesionales acuden a su puesto de trabajo cohibidos, cuando no con miedo, por el peligro de ser víctimas de estos ataques sin fundamento.

La proliferación de estas conductas violentas pone sobre la mesa la pérdida de valores de la sociedad actual. En las últimas décadas del siglo XX, un médico o un maestro eran personas respetadas, porque su trabajo contribuía al beneficio de la sociedad. En la actualidad, se convirtieron en obstáculos para la consecución de fines meramente personales -en lo sanitario, mantener la salud; en lo educativo, avanzar de curso-. Hoy, la sociedad busca concienzudamente el fallo o la negligencia del profesional para justificar la parte negativa de los hechos. Un paciente que tiene una enfermedad grave tiene muchas posibilidades de morir y es algo natural, no es culpa del profesional sanitario que le trató, o un alumno que no estudia tiene muchas probabilidades de suspender la asignatura, no le suspende el maestro porque le cogió manía.

Los seres humanos tenemos nuestras responsabilidades personales para con la sociedad y debemos afrontarlas, ya sean para bien o para mal. Recurrir a la violencia o echar las culpas a los profesionales de su entorno no hace nada más que alterar la convivencia en una cultura occidental.

Comportamientos como los sufridos por la auxiliar sanitaria en el CHUA no tienen ninguna justificación y sus autores deben asumir sus responsabilidades, sean las que sean.