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Óscar Dejuán

Óscar Dejuán


Revolución lingüística

04/07/2022

Hoy es 4 de julio, los estadounidenses celebran el día de su Independencia. Este año celebrarán también la independencia de la hipocresía más nociva, la que cambia el nombre de las cosas para confundir a los ingenuos. La sentencia de marras aclara que el derecho fundamental recogido por la Ley Fundamental americana no es el derecho al aborto, si no el derecho a la vida. ¡Llamemos a las cosas por su nombre!
El aborto como interrupción del embarazo. Falso. Por definición, un interruptor permite pasar de on a off y viceversa. El aborto no tiene marcha atrás.
El aborto como derecho de la mujer a decidir si quiere ser madre o no. Falso. Esa mujer ya es madre. Su decisión se limita a permitir o impedir el desarrollo del feto (nasciturus).
El aborto como extirpación de un conjunto de células que no configuran un ser vivo. Y si lo fuera, no sería un ser humano. Falso. Pregunten ustedes a los científicos. Si encuentran más de 10 que se pongan de acuerdo en el inicio de la vida humana más allá del cigoto, me comprometo a rectificar.
El aborto como la solución más humanitaria a los embarazos no deseados. Falso. La solución más humana y civilizada sería ayudar a la mujer, en el embarazo y tras el nacimiento. La ayuda incluiría la adopción del bebé en caso de que la madre no se viera con fuerzas.
La prohibición del aborto no eliminará los abortos. En eso estamos de acuerdo. La píldora del día después se generalizará. Seguirá existiendo un problema moral, pero será de índole personal. El problema actual es que los implicados en un aborto piensan que hacen algo bueno.
 Todo esto parece revolucionario. ¡Y lo es! En las circunstancias actuales no hay nada más revolucionario que llamar a las cosas por su nombre.

ARCHIVADO EN: Aborto, Albacete