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Cuando los nazis quisieron 'Las Meninas'

Carla Aliño (EFE)
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Javier Alandes presenta 'Los guardianes del Prado', una novela histórica que relata varios episodios en los que el cuadro de Velázquez pudo acabar en las manos del III Reich

El escritor posa junto a la estatua de Velázquez en la plaza del Duque de Sevilla. - Foto: Raúl Caro (EFE)

¿Y si Hitler hubiera exigido a Franco el cuadro de Las Meninas de Velázquez a cambio de su apoyo en la sublevación militar de 1936? Con esta hipótesis, el escritor Javier Alandes presenta Los guardianes del Prado (Espasa), una novela de aventuras con la que defiende la necesidad de «preservar el legado artístico de un país».

Partiendo de un hecho histórico real, como fue el traslado de los más destacados cuadros del Museo del Prado a Valencia en noviembre del 36 tras el estallido de la Guerra Civil, el valenciano desarrolla una novela de ficción que busca trasladar al lector la importancia del arte.

«El arte cuenta quiénes fuimos y no podemos mirar adelante si no miramos atrás», defiende Alande, quien afirma que todo el arte que se pierde en un conflicto «lo perdemos toda la Humanidad», mientras se pregunta «qué estará ocurriendo en los museos de Ucrania» y «con las obras de arte del museo de Odesa» tras la invasión rusa.

«No trato de hacer una novela de bandos buenos y bandos malos ni tampoco un tratado histórico o político», afirma el literato, quien insiste en que esto es «una obra de ficción histórica y aventuras», aunque, más allá de eso, le gustaría que los lectores pudieran «recordar o conocer» este capítulo de la Historia de España.

Para Alandes, «que un patrimonio de la Humanidad se sacara de un museo para trasladarlo a otro sitio, con los peligros que ello conllevó, es algo que todos deberíamos conocer». Y es que a Valencia llegaron unas 600 obras del Prado, entre ellas Las Meninas, Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya o el retrato de Carlos V de Tiziano.

Las que estaban mejor protegidas se almacenaron en las Torres de Serranos, una de las dos puertas fortificadas de la muralla medieval de Valencia que todavía se conservan, mientras que el resto, entre ellas Las Meninas, se guardaron en la iglesia del Patriarca, un edificio renacentista construido entre los siglos XVI y XVII.

La obra arranca en los albores de la Guerra Civil, con el encargo que hace Francisco Franco al general Gallardo, hombre de su confianza, para que negocie el apoyo de la Alemania nazi a favor del ejército sublevado. La contrapartida que exige el III Reich será, por un lado, la rica colección numismática del Museo Arqueológico Nacional por mandar la aviación para bombardeos, y por otro, el Autorretrato de Durero que descansa en el Prado y Las Meninas, a cambio de enviar a las tropas terrestres de su ejército.

Gallardo acepta ese trato por su cuenta y riesgo y, junto a un grupo de hombres sin escrúpulos, orquesta un plan para hacerse con todo ese patrimonio y entregarlo a los nazis, sin saber que el destino va a envolver en esta conspiración a una serie de personas que tratarán de evitarlo.

La acción situada en la Guerra Civil se combina con otra que transcurre entre 1980 y 1981, cuando el periodista Fernando Poveda encuentra una fotografía de un grupo de gente anónima junto a Las Meninas tomada en la iglesia del Patriarca y decide tirar del hilo.

 

El escondite

Y es que ese lugar escondió el famoso cuadro de Velázquez, y fue al que el Gobierno republicano invitó al que fuera director del Museo Británico, Frederic G. Kenyon, para demostrarle el buen estado de los lienzos, tras sus críticas por el traslado de las obras.

«Cuando entra en el Patriarca, han colocado Las Meninas en la recepción de la iglesia para que vea que está en perfecto estado», explica Alandes, quien recuerda que la foto que se hizo de ese momento es poco conocida en España, pero «mundialmente famosa», y le sirvió de excusa para que los protagonistas de la novela se hagan también una foto, que es la que encuentra el periodista en 1980.

Según Alandes, su intención como novelista «no es hacer ucronías ni cambiar la historia», y por ello, todo lo que es realidad está contado en el libro tal y como ocurrió, mientras que sobre lo que se desconoce del relato se ha permitido «hipotizar» respecto a lo que realmente pudo suceder.

«Las Meninas siguen estando donde estaban y, por tanto, no se las entregaron a los nazis, pero ¿por qué no podría haber ocurrido y, al final, las cosas salieron medio bien?», plantea.