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«Valores como verdad y lealtad están muy presentes»

Antonio Díaz
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Miguel Ángel Catalán presentó en Librería Circus su primera novela, Las lágrimas de Brighid, en un acto en el que el autor estuvo acompañado por Manuel Martínez, concejal de Igualdad y Participación del Ayuntamiento de Albacete.

Miguel Ángel Catalán. - Foto: Marta Herreros.

Miguel Ángel Catalán presentó en Librería Circus su primera novela, Las lágrimas de Brighid, en un acto en el que el autor estuvo acompañado por Manuel Martínez, concejal de Igualdad y Participación del Ayuntamiento de Albacete. El periodista comentó a La Tribuna de Albacete las singularidades de la obra, su primera novela. 

¿Qué le llevó a escribir esta novela?

Era una deuda conmigo mismo desde hace mucho tiempo. Quería escribir algo que se apartada de mi vocación profesional como periodista. Estaba ya un poco cansado del género informativo y quería crear un texto literario, que creara, no información, sino emoción, con el que disfrutar y poder hacer disfrutar a los demás. 

¿Cuándo se puso manos a la obra?

Hace uno dos años que empecé, lo que pasa es que, cuando tu trabajo es escribir, encontrar tiempo libre es complicado, por eso he tardado un poco más. Es verdad que durante el confinamiento aproveché el tiempo y la pude acabar, pero cuando puse el fin y creí que había terminado el trabajo, me di cuenta que era mentira, había que corregir y maquetar. Es un libro artesanal, lo he hecho todo yo, a excepción de la portada, que es de Ana Navarro y estoy muy contento. Así que he tenido que aprender a maquetar, en libro electrónico y papel, pero he aprendido y he disfrutado.  

¿Mereció la pena esta nueva experiencia?

Ha sido muy grata. He valorado mucho el trabajo de otros autores cuando escriben, por ejemplo, novela histórica. Mi novela arranca a finales de 2008, con la crisis económica y financiera y, simplemente datar 2008, anteayer, me ha costado trabajo, así que cuando alguien habla de Roma o el Jerusalén de la Edad Media, el trabajo de documentación tiene que ser absolutamente ímprobo. A mí, un pasado tan reciente como 2008, en algunas cosas me ha costado, pero es un trabajo necesario para sujetar a los personajes y la trama.  

¿Cuál es el argumento de Las lágrimas de Brighid?

Hay una frase que me gusta mucho, cuando tengas planes, cuéntaselo a los dioses y verás cómo se ríen de ti. Bueno, había planeado la novela  de una forma, pero según escribía, el personaje que iba a ser secundario, se fue empoderando y en la mitad de la novela, tenía muy claro que sería la protagonista. Es la visión de una adolescente sobre la crisis, económica, afectiva. Ella ve a su padre, poco a poco, hacerse invisible, y sobre esa metáfora se trabaja. Ella reflexiona sobre la invisibilidad de su padre y, como tiene facilidad para pintar, hace láminas en un diario. 

¿Alguna inspiración?

Todas las creaciones literarias, aunque el autor no quiera, son algo autobiográficas. Yo no he pensado en ningún personaje en concreto, todos, evidentemente son ficticios.

¿En qué lector pensó para esta novela?

Ha salido una novela muy versátil. Hablando con las personas que ya la han leído, aunque reconocen que puede tener un cierto banderín de enganche con el público adolescente. La trama es lo suficientemente compleja para que sea una lectura para todos los públicos. La protagonista proporciona una mirada sobre determinado tipo de crisis, que puede ser un poco más cándida, por ser preadolescente. Es una novela para todos los públicos.  

¿Con algún mensaje?

A lo largo de toda la trama, valores como verdad y lealtad están muy presentes. Personalmente, prefiero la lealtad, porque puedes encontrar algo de verdad,  pero todos conocemos gente a la que le encanta herir a otros contando la verdad. Cada uno tiene que sacar sus conclusiones y cómo dice Brighid, la verdad está sobrevalorada en la búsqueda de la felicidad humana. 

¿Habrá una segunda novela?

La verdad es que me siento muy raro, empezar a publicar a los 60 años es como una edad muy tardía, pero sí le estoy dando vueltas a otra historia, pero aún falta tiempo para ponerme a escribir.