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Entre dos extremos

M.R.Y. (SPC)
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El ultraderechista José Antonio Kast y el izquierdista Gabriel Boric se juegan la Presidencia de Chile, un país tremendamente polarizado y abocado a iniciar una etapa que concluya con la aprobación de su nueva Constitución

Boric (i) parte como favorito en los sondeos frente a Kast. - Foto: Reuters

Sin medias tintas. Chile se decidió por la radicalidad el pasado 21 de noviembre, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, y dejó en la lucha por ponerse al frente del país al ultraderechista José Antonio Kast y al izquierdista Gabriel Boric, candidatos completamente antagónicos que se sitúan en los dos extremos del espectro político.

Kast dio la sorpresa a última hora, ya que Boric apuntaba al triunfo parcial en todos los sondeos. Finalmente, el abogado -que en varias ocasiones ha defendido la dictadura de Augusto Pinochet- se impuso con un 28 por ciento de los votos al exlíder estudiantil, que abandera una coalición de izquierda en la que se incluye el Partido Comunista y que firmó poco más del 25 por ciento.

El país está tremendamente polarizado y así lo demuestra el hecho de que, por primera vez desde el retorno de la democracia -1990- los partidos tradicionales de centroizquierda y centroderecha se quedaran fuera de la contienda. Ahora, los chilenos tendrán que elegir entre dos proyectos muy diferentes que, sin embargo, han decidido en estas últimas semanas acercarse al centro político en busca del voto moderado, que se antoja determinante en la victoria final.

Eso sí, a pesar de suavizar sus respectivos discursos, ambos tratan de aglutinar al electorado desencantado con la actual clase política tras las protestas sociales de finales de 2019 que dieron un vuelco en el país. Precisamente, la visión de esas revueltas son los puntos principales de ambos candidatos. Mientras Kast se erige como líder de quienes vieron en las manifestaciones un fenómeno violento, Boric responde en su programa a los anhelos de cambio expresados en aquellas movilizaciones, que se saldaron con más de una treintena de fallecidos por la represión policial.

El ultraderechista, además, aboga por minimizar el papel del Estado y aumentar su eficiencia, disminuir el gasto público y los impuestos y potenciar el libre mercado que consagró la Constitución de Pinochet, que tendrá que ser sustituida por una nueva Carta Magna que, se espera, se aprobará el próximo año.

Su oponente, por su lado, plantea todo lo contrario: un aumento de los impuestos y el fortalecimiento del rol del Estado para ofrecer un modelo de pensiones solidarias y un sistema de sanidad universal.

Como sucedió en la primera vuelta, los sondeos vuelven a apuntar a Boric como vencedor de la cita. Pero el ajustado 52 por ciento que le dan las encuestas más optimistas dejan la puerta abierta, incluso, a un empate técnico. Y no se descarta un nuevo sorpasso de Kast.

Sea quien sea el ganador en los comicios, lo que queda claro es que habrá un cambio sustancial en un Chile fragmentado: el futuro presidente encabezará el Gobierno más izquierdista desde Salvador Allende (1970-1973) o el más derechista desde Pinochet (1973-1990).

Futuro inmediato incierto

Además, quien se ponga al frente del Gobierno también liderará el proceso constituyente, determinante para un Chile que decidió en 2020 por un 80 por ciento cambiar su actual Carta Magna, heredada de la dictadura y criticada por ser el origen de las desigualdades del país por fomentar la privatización de servicios básicos.

Desde el pasado mes de julio, una convención integrada por ciudadanos independientes y de tendencia progresista, con representación indígena y paritaria entre hombres y mujeres -algo inédito en el mundo- se encuentra redactando el documento, que deberá ser sometido a referéndum el próximo año para su entrada en vigor.

Mientras Boric es uno de los principales defensores de esa nueva Constitución, Kast se opuso al cambio en el plebiscito y no se descarta que, incluso, pueda impedir que siga adelante el proceso que determinará el futuro del país.

ARCHIVADO EN: Chile, Democracia, Política