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De aquel granero de Castilla

Ana Martínez
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Calderería, agroalimentaria y caza constituyen la fuente de riqueza de Villarrobledo, localidad con un gran potencial para incentivar el turismo

‘Calle de los Carrillos’, donde se encuentra el mercado de abastos. - Foto: José Miguel Esparcia

Villarrobledo es una característica ciudad manchega que antes de su fundación perteneció administrativamente a la poderosa Villa de Alcaraz, bajo la denominación de Villarejo de San Nicolás. «Felipe IIle puso el sobrenombre de granero de Castilla», recuerda Amparo Torres, profesora de Lengua y Literatura, villarrobledense de nacimiento, que recuerda que, en la antigüedad, Villarrobledo fue una tierra muy monárquica, de ahí que uno de los privilegios únicos en España de los que goza fue que cada casa del casco urbano y también las ubicadas en el campo pudieran tener escudo de hidalgo.

«Es un pueblo donde se vive muy bien, muy tranquilo», dice Teresa Martínez Parrón, otra villarrobletana de nacimiento, vinculada al grupo de coros y danzas Barro Tinajero, que destaca la «calidad de vida» con la que crecen los niños en el medio rural y los buenos índices de seguridad que tiene la localidad.

La plaza de Ramón y Cajal, declarada Conjunto Histórico-Artístico, conforma el punto de encuentro de los vecinos del municipio y uno de los lugares con mayor interés histórico y patrimonial, ya que engloba tres de los edificios más emblemáticos de la villa: la iglesia de San Blas y la Casa Consistorial, ambos del siglo XVI. El templo ofrece elementos de los estilos góticos, renacentista y barroco y cuenta con un retablo de estilo gótico churrigueresco, mientras que la fachada principal de la sede del Ayuntamiento es una muestra destacada de la arquitectura civil renacentista del siglo XVI y cuenta con la declaración de monumento.

En sus orígenes fue Pósito y Audiencia, con la concesión definitiva del privilegio de Villa, por parte de los Reyes Católicos, el edificio pasaría a ser la Gran Casa Consistorial, que se completaría en el siglo XVI con la construcción de la fachada principal. En esta misma plaza se conserva, según apunta Amparo Torres, «la casa más antigua de Villarrobledo», en la que se llegó a hospedar el primer Marqués de Villena.

Los primeros datos que se tienen del oficio tinajero en Villarrobledo datan del año 1350. Casi siete siglos después, la principal fortaleza económica villarrobledense es la calderería, heredera de la industria tinajera que hasta el siglo XX mantuvo a Villarrobledo como cuna de la alfarería morisca.

Junto a la calderería, Amparo y Teresa destacan también la relevancia económica que tiene la industria agroalimentaria, especializada en quesos, lácteos y vino, y el sector Servicios, aunque en opinión de estas dos vecinas, el comercio necesita un revulsivo, como también impulsar la oferta cultural, dado que según Amparo, «no hay relación entre la demanda y la programación», fundamentalmente porque Villarrobledo «no tiene espacios culturales a la altura de su población».

Sin olvidar la importancia que para Villarrobledo tiene la caza dada su cercanía a las Lagunas de Ruidera:«Aquí hay mucha caza de conejo, liebre y perdiz roja que atraer a muchos cazadores de la zona de Levante», relatan ambas vecinas.

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