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José Juan Morcillo

José Juan Morcillo


Buenas formas

09/02/2022

Ahora que los gobiernos enarbolan con jactancia la bandera de la chabacanería porque no les interesa un pueblo culto, educado en el pensamiento crítico; ahora que el sistema educativo patrio, desde Primaria hasta la Universidad, se orienta a regalar titulaciones a alumnos con un frágil dominio de contenidos mínimos o abonando el alto coste de un máster; ahora, en fin, que la indolencia, el pasotismo y la mediocridad son los trapos con los que se visten orgullosos nuestros muchachos, resulta gratificante y esperanzador encontrarse con jóvenes que atesoran una esmerada competencia comunicativa, que interactúan con corrección en cualquier situación diaria, jóvenes despiertos que valoran que el esfuerzo, el sacrificio y la pasión conducen a una plena satisfacción personal, jóvenes en cuyos buenos modales sociales se valoran la diligencia, el deseo de aprender y el respeto.
Los buenos modales son más importantes que la educación porque aquéllos configuran los rasgos de ésta. Los buenos modales no entienden de clases sociales, no entienden de cunas altas o bajas: el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro escribió al respecto que los modales son difíciles de imitar porque hay que conquistarlos, y no todo el mundo es capaz de hacerlo. Por ello, muy atinado se muestra el DLE al recordar que los modales son las 'acciones externas de cada persona con que se hace notar y se singulariza entre las demás, dando a conocer su buena o mala educación'.
Julián es un joven argentino que ha venido a estudiar y a trabajar. Lo conocí en una situación distendida cuando me saludó para interesarse por una actividad cultural organizada por el Ayuntamiento de mi ciudad en la que iba yo a participar. Me gustaron sus buenos modales, su manera de comunicarse, su educación, y lo invité al acto. Julián es fotógrafo, un gran fotógrafo, y nos obsequió con unas cuantas instantáneas en las que demuestra sensibilidad y oficio, unas imágenes en las que sabe captar la estética del detalle y la dulce emoción de un momento embriagado de eternidad. Las buenas formas también desbrozan los zarzales de este camino que es la vida.

ARCHIVADO EN: Estética