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Ramón Bello Serrano

Ramón Bello Serrano


'Entrevista con la historia'

04/06/2022

Noches de la mano de Oriana. En tiempos de guerra amo la beligerancia de Oriana. Martín Prieto le escribió un memorable artículo -esos artículos que son veneno, brillantes e insoportables (como Oriana)- y yo busqué aquella edición de Noguer -Entrevista con la historia- para irme a la cama con la Fallaci, una vez que cerré los Personajes de Indro Montanelli. A Kissinger le sonsacó a propósito de las mujeres (Kissinger acaba de dictar ucase para Ucrania) y como del Vietnam dijo poco (habría que revisitar la guerra de Vietnam y su dimensión moral -que la tuvo-) cerró entrevistas con Van Thieu y el general Giap, que afirmó, en aquella circunstancia, que «la defensa es siempre el principio de la derrota». De Vietnam a Camboya, de Golda Meir a Yasser Arafat («vientre hinchado de obesidad») y al Líbano de George Habash o a la Jordania de Hussein. Iba yo preocupándome por la guerra de Ucrania -la preocupación de todos- y por el futuro de nuestra democracia burguesa, anclado a la tradición judeocristiana, y en esa preocupación me agitaba la prosa de Oriana, su inquisición formidable, su paulina presencia que tanto molestaba al gran Martín Prieto. Y olvidando el tablero de hoy me iba a la entrevista con Indira Gandhi, al desconcertante Alí Bhutto, al Pietro Nenni del que Montanelli publicó un feroz retrato, a Giulio Andreotti y a su anécdota que yo había escuchado del tío Conrado -«En cierta ocasión un papa de la Ciociaria, León XIII, le ofreció rapé a un cardenal. «No, gracias -le dijo el cardenal-, no tengo ese vicio». El papa le respondió: «Si fuese vicio, usted lo tendría») y a la entrevista con Willy Brandt, del que había acabado sus memorias hacía bien poco. Portugal y la revolución -en su justa medida, en caliente sin adornos- en dos antológicas entrevistas con Mario Soares y con el implacable Álvaro Cunhal, para culminar en el capítulo más amable de todos, el dedicado a Santiago Carrillo -esa entrevista habría que reproducirla a Garzón y a Iglesias- y que sólo superó el arzobispo Makarios  -había que dejar (y lo dejé -Oriana le había dedicado un libro entero-) la entrevista a su compañero Alejandro Panagulis-. Ucrania vista desde la beligerancia de Oriana -la historia ya entrevista-.