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Jesús Fuentes

ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Un hombre en sosiego

24/06/2022

Hay días y días. El sábado, 18 de junio, fue de los malos. Desde temprano Vicente Romera anunciaba el fallecimiento de Mariano Diez Moreno. Un hombre al que podría haber llamado sosegado, pero he elegido,  en lugar del calificativo, la acción, el proceso de una vida. Porque era un hombre en búsqueda permanente de la paz interior que supone el sosiego.
Coincidí con él en la Diputación. Ambos aspirábamos a la Presidencia del organismo provincial. El PSOE obtuvo más votos en el total de la provincia, pero el PP consiguió un diputado más en uno de los partidos judiciales. Eso le dio la Presidencia a Mariano Díez. Aquellos años (1987-1991) fueron convulsos para los partidos principales de Toledo. En el PSOE, militantes socialistas hicieron campaña contra candidatos socialistas. Así rodaban las cosas por estos territorios en aquellos años. Algunos de los socialistas que hicieron campaña contra otros socialistas ocuparían cargos importantes después. Algunos continúan todavía. La relación con Mariano Díez fue de acuerdo y pactos. Se trataba de superar una etapa de enfrentamientos en la institución que degradaban a la propia institución. Al fin y al cabo, en la Diputación la representación es indirecta. Eso sí, maneja abundantes recursos. Los planes provinciales se pacificaron  cuando se evitó la tentación de favorecer más a los pueblos de un partido que de otro. Resultó un logro democrático. Incluso hubo lugar para presentar  iniciativas de futuro.  El diputado Manuel Cordero, concejal de Nombela, defendió una moción para que la Diputación Provincial estimulara la plantación y cultivo del pistacho. No salió adelante y se perdieron años de progreso. Hoy sabemos que en La Mancha es un cultivo de éxito.
Las relaciones políticas y personales fueron cordiales. Y en ese proceso siempre mantuvo su palabra. Tal vez la lealtad a los acuerdos estimuló a  sus adversarios para que le cuestionaran. Cuando terminó la Presidencia decidió separarse del barullo interno de su partido y se marchó a Madrid, aunque sin desligarse de Toledo. Poco a poco se fue distanciando de la militancia activa, no de la afición por la política, que nunca se pierde. Tal vez descubrió que era una actividad que entorpecía su aspiración a un sosiego liberador. Odiaba lo que le alteraba y desequilibraba. Creyente fervoroso e inclinado al diálogo, no vendría mal que, si es posible, negocie un respiro para los que aquí seguimos.

ARCHIVADO EN: PSOE, Toledo, PP