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Juan L. Hernández Piqueras

Juan L. Hernández Piqueras


Ómicron

02/12/2021

Tras casi dos años de pandemia está visto que el coronavirus nos empobrece social y económicamente y nos arrasa sanitariamente, mientras nos enriquece el vocabulario de forma incesante, con un léxico poblado de expresiones que jamás habíamos usado, pero que ya no olvidaremos mientras vivamos, y que vamos ampliando al ritmo que nos sacuden las diferentes oleadas que siguen llegando y que borran en la arena de nuestra playa anímica las esperanzas más o menos fundadas en que esta pesadilla pueda acabar alguna vez. Ahora es ómicron, la nueva variante o mutación del virus surgida en Sudáfrica y de la que parece que se tenía algún dato, puesto que se detectaban diversos movimientos en las últimas semanas, el vocablo que anda en boca de todos y que sustenta los temores de que de nuevo las razones optimistas que se planteaban por la vacunación conseguida y la mejora de datos de los meses anteriores, vuelvan a sufrir otro temido retroceso.
La realidad es que de una u otra manera, con una denominación u otra, es claro que la emergencia sanitaria que nos ha atrapado no solo no desaparece sino que encima muestra nuevos rostros para aparecer ante una sociedad cada vez más desmoralizada, más descreída y harta, y por tanto más propensa por momentos al abandono de la moral de victoria necesaria para derrotar al virus. La famosa petición de Churchill al pueblo inglés para afrontar la dramática situación de la II Guerra Mundial: «sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas», tiene cada vez menos calado entre los ciudadanos en tiempos de esta pandemia y, si se entra en una fase de desmoralización, en vísperas de fechas como las que vienen, los resultados pueden ser nefastos.