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Eloy M. Cebrián

Eloy M. Cebrián


'Bots'

20/05/2022

Elon Musk no se decide a cerrar la compra de Twitter porque no sabe cuántos bots hay entre sus 61 millones de usuarios. Aclaro que bot viene de «robot», y que se trata de un programa que pretende suplantar a un ser humano, normalmente con el propósito de estafarnos o vendernos algo. Yo no me prodigo mucho en Twitter, pero cada vez que en Facebook recibo una solicitud de amistad de alguna maciza ligera de ropa, doy por hecho que se trata de un bot y la ignoro con olímpica indiferencia. Con todo, una idea preocupante me ronda por la cabeza, y se trata de la posibilidad de que algunas de las personas con las que nos relacionamos a diario sean una forma más sofisticada de bots, es decir, que no se trate de seres humanos reales, sino de simulacros de seres humanos depositados en el mundo para engañarnos de algún modo. Aunque me duela reconocerlo, cada día crecen mis sospechas de que una parte de mis alumnos pertenecen a esa categoría de seres sintéticos. De otro modo, resulta difícil explicar su pasividad e indiferencia en las aulas, su falta de interés ante cualquier contenido que huela a inteligencia o que suene a cultura. El matemático Alan Turing, uno de los padres de la informática, perfeccionó un test que permite distinguir a un ser humano de una máquina, lo que podría ser de utilidad en el ámbito educativo. Creo que por ahí iban los tiros en los últimos gobiernos del PP, cuando se pretendía que los alumnos de la ESO pasaran una serie de reválidas para comprobar si habían aprendido algo o se habían limitado a calentar la silla. Ahora la idea se ha abandonado en aras del aprobado por la cara, independientemente del número de materias suspensas. Lo importante es tener a los jóvenes contentos, ya se trate de bots o de simples simios cuya única competencia adquirida sea la de rascarse la entrepierna.