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Editorial

El gran error de Putin es llevar la guerra a las casas de los rusos

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La guerra de Ucrania cumple siete meses y lo que para Putin era una operación que iba a durar unos días, se ha convertido en una pesadilla para el sátrapa ruso, que ya no sabe qué hacer para poder llevar a cabo los objetivos que se marcó cuando decidió arrancar con esta locura.

La masiva movilización de ciudadanos para que vayan a luchar a Ucrania no solo demuestra la mala planificación del Kremlin, sino que se ha vuelto en contra de un Putin al que se le ve desesperado, amenazando con sus armas nucleares y haciendo movimientos más propios de un malo de las películas sobre la Guerra Fría. Si la guerra, en un principio, pasaba prácticamente desapercibida para los rusos, que la vivían de forma lejana porque de eso ya se encargaba el Gobierno de Moscú, el llamamiento a filas ha abierto los ojos de unos ciudadanos que ahora ven que les puede tocar poner sus vidas en juego en una guerra que no les iba ni les venía, pero que ahora ha entrado de lleno en sus casas.

Las imágenes de las protestas en Moscú eran impensables hace solo unas semanas, pero está claro que en Rusia las libertades están coartadas y que el que alza la voz ya no va a Siberia como antaño, ahora lo mandan a la guerra.

El éxodo de ciudadanos rusos hacia otros países es otra de las imágenes de una semana en la que Putin ha quedado al descubierto delante de su pueblo. El problema con el que se van a encontrar cuando salgan al mundo exterior es que la gran mayoría van a conocer la verdad de lo que ha estado haciendo su presidente en estos últimos siete meses.

Está claro que el máximo responsable de esta barbarie sigue teniendo muchas armas a su disposición para alargar esta situación mientras se le antoje. El botón energético está apretado desde hace tiempo y eso impide que esto no haya terminado ya porque Europa y Estados Unidos saben que no pueden provocar la ira de Putin, pero también saben que la mejor forma de que esta situación termine de la mejor manera y lo antes posible está dentro de la propia Rusia.

Y es que el resbalón de Putin llevando la guerra a las casas de los rusos ha provocado que algo se remueva en el interior de un país manejado por la propaganda del Estado y que puede hacer que la estrategia del dirigente se empiece a resquebrajar. El problema es que Vladímir Putin no es de los que reculan y la solución a este conflicto se antoja complicada.

Es el momento de que la Ucrania de Zelenski, con el apoyo de americanos y europeos, gane la guerra aprovechando los síntomas de debilidad que ha mostrado su oponente.