Empezar a vivir sin miedo

EFE
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La denuncia de una agresión por parte de la propia víctima o de alguna persona de su entorno es clave para que se ponga en marcha el mecanismo de protección que le puede salvar la vida

Empezar a vivir sin miedo

«Si tu pareja te trata mal y utiliza la violencia, no podrás ser feliz». Para romper el círculo del maltrato, las mujeres víctimas de violencia de género tienen a su disposición distintos recursos: el teléfono 016 y la denuncia policial son dos de los más importantes.
«Debes saber que tú no provocas ni eres culpable de la violencia y que no hay ninguna razón que la justifique», indica la Delegación del Gobierno de la Violencia de Género en un documento para aconsejar e informar a las víctimas para que puedan dejar atrás el maltrato.
¿Y qué se debe hacer? En primer lugar, aclara el organismo, contar su situación a personas de confianza y pedirles ayuda para que la apoyen y acompañen.
«Es normal que tengas miedo a equivocarte, que sientas que aún le quieres. (...) Aunque cueste dar el paso y te dé miedo dejarle, con el apoyo de tus seres queridos y de profesionales especializados lograrás volver a quererte a ti misma y romper con el círculo del maltrato», destaca la Delegación.
Son numerosos los mecanismos de protección, seguridad y asistencia tanto para las mujeres víctimas como para sus hijos. El 016, teléfono gratuito de información y asesoramiento jurídico para víctimas de violencia machista, atiende las 24 horas en 51 idiomas diferentes y la llamada no deja rastro en la factura, aunque hay que borrarla del registro del teléfono privado.
Los menores también pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR: 900 20 20 10.
El mecanismo más eficaz para salir de la violencia es denunciar al agresor: «Denunciar salva vidas. Cuando hay denuncia la reincidencia se reduce en un 64 por ciento de los casos», explican desde el Ministerio del Interior.
Y es que este es el requisito indispensable para que se articulen las medidas de protección de las víctimas, entre las que se encuentran las órdenes de alejamiento o la imposición de pulseras telemáticas de control del maltratador.
Las afectadas que no se atrevan a dar el paso de denunciar pueden dirigirse a los Servicios Sociales de sus respectivos ayuntamientos para recibir ayuda.
El silencio es el principal cómplice de la violencia machista y, si no hay denuncia, las agresiones quedan impunes y ocultas entre las cuatro paredes de una casa. Así lo advierte la Policía que pide a toda la sociedad que se involucre y recuerda que «el servicio policial de denuncia es totalmente anónimo» y salva vidas.
«Si alguien escucha a sus vecinos discutiendo, escucha golpes...» debe avisar y denunciar, subraya el inspector de la Policía Nacional y jefe de sección de las Unidades de Atención a la Familia (UFAM), José Manuel Caro.
«Cuantas más denuncias e información nos lleguen, mejor» porque, insiste, la Policía no puede hacer nada si las agresiones se quedan en el ámbito privado y no trascienden.


Ángeles de la guarda 

La UFAM está integrada por todas las Unidades de la Policía Nacional especializadas en la prevención e investigación de los delitos sobre violencia de género, doméstica y sexual. Además, coordina la protección de las víctimas en toda España. Una de sus funciones más relevantes es la que llevan a cabo los agentes protectores: policías especializados en proteger a las víctimas de violencia machista.
La UFAM tiene, en toda España, entre 25.000 y 30.000 casos activos de mujeres maltratadas. De ellas, 352 han sido calificadas de riesgo alto y 11 de extremo y los agentes protectores -unos 500 en todo el país son los responsables de garantizar su seguridad.
Todas ellas tienen un agente protector que vela por su seguridad las 24 horas del día.
En los casos de riesgo extremo supone acompañarlas a hacer la compra, a llevar a sus hijos al colegio, a las reuniones familiares, establecer contacto con su entorno, con los vecinos... Si el peligro de volver a ser atacadas por su pareja o ex pareja es alto, este uniformado está pendiente en todo momento y habla con ellas a diario.
Todas tienen grabado en su móvil el teléfono de su ángel de la guarda al que pueden llamar las 24 horas del día y los 365 días del año. 
«El problema es que son delitos totalmente imprevisibles» que «no responden a un modus operandi, no tienen una ruta concreta. Son muy poco predecibles», agrega, por lo que hay que estar alerta.