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Don Juan Carlos, Don Felipe y la prima Lilibeth

Pilar Cernuda
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Las relaciones entre los Reyes de España con Isabel II fueron de una gran cordialidad, aunque siempre tuvieron presente que, por encima de la amistad, ambos tenían sus propios intereses como prioridad

Foto de archivo de 1988 de Isabel II y los Reyes eméritos - Foto: EFE/Eduardo Abad/aa

Se sentían parte de una misma familia, se querían mucho y, con toda seguridad, a Don Juan Carlos, en otras circunstancias personales, estaría ocupando un lugar especial en el funeral de la reina Isabel que se celebrará dentro de unos días. 

La relación entre los dos siempre fue muy estrecha, íntima, aunque tanto la soberana británica como Juan Carlos I tuvieron siempre presente que, por encima de su amistad, los dos tenían como prioridad los intereses de sus respectivos países. El Emérito, fuera de protocolo, se refería a ella como su prima Lilibeth; pero la confianza y el cariño que era sincero, real, no impidió gestos que dolieron a una y otra parte, y que comprendieron ambos.

Pocos días antes de la boda del príncipe Carlos con Lady Di, acontecimiento social, pero sobre todo de gran alcance institucional, Buckingham Palace anunció que el nuevo matrimonio pasaría parte de su luna de miel en el Britannia, el yate real, que partiría de Gibraltar. La reacción de Zarzuela y del Gobierno fue inmediata: para expresar su contrariedad y afianzar su posición respecto a la españolidad del Peñón, cancelaron su asistencia a la boda, a la que acudieron las más importantes figuras soberanas europeas, todas ellas emparentadas con los Reyes españoles puesto que todas cuentan con un ascendente común, la reina Victoria. 

La reina Isabel II junto al Rey Felipe llegan en coche de caballos al Grand Hall del Palacio de Buckingham, en Londres, en la visita de estado realizada por los monarcas españoles en 2017 al Reino Unido.La reina Isabel II junto al Rey Felipe llegan en coche de caballos al Grand Hall del Palacio de Buckingham, en Londres, en la visita de estado realizada por los monarcas españoles en 2017 al Reino Unido. - Foto: EFE/Isabel InfantesPor otra parte, Felipe de Edimburgo era primo hermano del rey Pablo de Grecia, padre de la Reina Sofía, lo que explica que los Monarcas de España mantuvieran un trato de absoluta familiaridad con la Isabel II, esposo e hijos, que se ha prolongado en el Rey Felipe. 

Conoció a sus primos británicos cuando era un niño y los Gales solían pasar unos días de verano en Marivent. Ya Rey de España, se afianzaron más esas relaciones, aunque en buena ley hay que señalar que nunca fueron tan estrechas con las de la reina Isabel con su padre. 

Isabel II mostró una actitud absolutamente cálida cuando los ya Reyes Felipe y Letizia viajaron al Reino Unido en visita de Estado en 2017, y otorgó a Rey la máxima condecoración, la Charretera; también se había visualizado de forma muy explícita la cercanía hacia los entonces príncipes de Asturias cuando acudieron a la boda de Guillermo y Kate Middleton, duques de Cambridge, en 2011. 

Que Isabel II y Don Juan Carlos conocían, ambos, cuáles eran sus obligaciones con sus respectivos países más allá del afecto sincero que se profesaban, tuvo su ejemplo más evidente en el 1986 durante la visita de la Casa Real española al Reino Unido. Fue la primera visita oficial de un Rey español a ese país. 

Existía el precedente de Alfonso XIII, que viajó a Londres con la intención de buscar esposa entre algunas de las princesas reales. Tenía la idea de regresar comprometido con la princesa Patricia, una de las nietas de la reina Victoria, pero volvió a España enamorado de otra de sus nietas y emperatriz, la princesa Victoria Eugenia, con la que finalmente se casó. 

Un matrimonio desgraciado por la transmisión de la hemofilia a sus hijos varones, y por el derrocamiento de la monarquía, aunque la pareja real estaba rota antes de marchar hacia el exilio. Fue, por tanto, la del 86 la primera visita de Estado de un Soberano, de unos Reyes españoles, al Reino Unido, con detalles que demostraban el interés de Isabel II en ofrecer un trato especial a sus ilustres huéspedes y familiares. 

Fueron alojados en el castillo de Windsor, y la reina Isabel, por primera vez, aceptó el protocolo español que la obligaba a acudir a una recepción pública mezclada con los invitados. La cena de devolución que ofrecían los Reyes visitantes a Isabel y su esposo, se prolongaría con una recepción en la que se los Monarcas españoles, la reina Isabel, el duque de Edimburgo y otros miembros de las dos familias compartirían conversación con los invitados británicos y españoles que, en esta ocasión, se encontraban en una carpa montada en los jardines de la embajada española en Belgravia.

Esos datos de demostración pública de afecto no pasaron por encima del problema que desde hace siglos envenena las relaciones entre España y el Reino Unido, en ocasiones hasta el punto de provocar tensiones como la mencionada cancelación de la asistencia a la boda de los príncipes de Gales: Gibraltar.

Juan Carlos I, invitado a pronunciar un discurso en el Parlamento británico en aquella visita de Estado, fue muy claro en las reivindicaciones españolas hacia el Peñón, reivindicaciones que en aquellos momentos vivían una situación de negociaciones permanentes entre los dos gobiernos, y en las que cuando parecía que se advertían avances de inmediato se bloqueaba o se producía una nueva marcha atrás que todavía hoy continúa, aunque en las negociaciones han participado gabinetes laboristas y conservadores, socialistas y del PP.

En su intervención ante la sesión conjunta de la Cámara de los Lores y los Comunes, el Rey se refirió a la situación de Gibraltar como «una prueba de enfrentamiento entre los dos países que aún sigue presente» e hizo un llamamiento a la imaginación de los políticos para «que sepan estar a la altura de la historia y encuentren fórmulas que permitan entre ambos países para el bien de todas las partes interesadas y del futuro de Europa».

'Fair play' británico

En términos similares se mostró el Felipe VI 31 años más tarde, cuando también en Westminster dijo que «La determinación para superar diferencias se redoblará en el caso de Gibraltar» y expresó su confianza plena en que «El diálogo y el esfuerzo de nuestros gobiernos conseguirán avanzar en la búsqueda de fórmulas satisfactorias para todos».

Había expectación ante su intervención, incluso rumores de que algunos parlamentarios podrían abandonar el hemiciclo cuando comenzara a hablar, en protesta porque unos meses antes, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, se había referido a Gibraltar como «la única colonia existente en territorio europeo». Sin embargo nadie se ausentó ni hubo gritos de protesta. El famoso fair play británico. Pero el problema sigue ahí, y por muy buenas que sean las relaciones entre las familias reales española y británica, no parece que se vaya a solucionar a corto o medio plazo.

El mensaje enviado por Felipe VI al ya rey Carlos III, al que considera su primo, como lo hacía con su tía la reina Isabel, además de expresar sus condolencias y señalar que se encuentra «profundamente entristecido», define a la fallecida como «Un indudable testigo, escritor y miembro de la mayoría de los más relevantes capítulos de en la historia de nuestro mundo durante las últimas siete décadas. Su sentido del deber, compromiso y toda una vida dedicada a servir a los ingleses es un ejemplo para todos nosotros y permanecerá como un sólido legado para futuras generaciones».

Los Reyes españoles tienen previsto acudir a los funerales de la que ha sido la reina más importante de la historia del Reino Unido. Don Juan Carlos, profundamente afectado por la muerte de una persona que le era muy querida, en principio no va a asistir, por razones que a nadie se le escapan.