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Fernando Fuentes

Fernando Fuentes


Qué pasaría si...

11/01/2022

Ante la potencial amenaza de nuevo colapso hospitalario, a causa del tsunámico crecimiento exponencial de Ómicron o vaya usted a saber de qué maldita variante se trata, es imposible no replantearse diferentes cuestiones que afectan a lo sucedido en nuestro pasado más reciente y a lamentar. Llegados a este punto, me pregunto si aquellos mismos políticos serían capaces, de nuevo, de volver a caer en las mismas gravísimas equivocaciones que en aquellos fatídicos meses de 2020. Quiero pensar que no. Y eso pasaría porque en el supuesto y fatal caso de que nuestro Hospital se volviera a quedar sin camas y respiradores suficientes para atender a los afectados por el virus, tanto Page como su director, salieran en un informativo nacional para pedir ayuda a quien corresponda, en vez de mentir flagrantemente ante toda España y, sobre todo, frente a un «todo Albacete», tan espantado como estupefacto por tal afrenta social. También creo que, llegado ese momento, las autoridades municipales albaceteñas en vez de callar y otorgar, se rebelarían, ante dichas falacias y salieran, valientes y a pecho descubierto, a defender a sus ciudadanos, denunciando que los nuestros se morían a rajas sin que nada, ni nadie, lo pudiera evitar por adolecer de los medios humanos y técnicos necesarios. Igualmente, quiero creer que cuando desde el Gobierno de España se ofreciera ayuda a la Consejería de Sanidad de la Junta, desde sus más altas instancias no se rechazaría la misma, aludiendo a eso de que «tranquilos, con esto podemos nosotros solos». De verdad quiero confiar, por el bien general, en que todos hemos aprendido muchas cosas, en estos casi dos años de pandemia. Y una de ellas, o quizá la más trascendental, es que hay cuestiones por encima de los intereses políticos y, entre ellas, las más importantes son las que afectan a la salud. Algunos de ustedes me tildarán de ingenuo, pero yo sigo echando de menos que alguno de los más señalados implicados en el absoluto desmán, que sufrimos en la primera ola, hayan salido a pedir perdón de forma pública. Intuyo que ello habría ayudado a cerrar parte de esas profundas, y aún sangrantes, heridas que su notoria mala gestión provocó que el Covid-19 todavía fuera más mortífero entre nuestros familiares, amigos y conciudadanos. Así fue y, jamás, debería de volver a ser.