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Editorial

Prudencia y responsabilidad, las mejores armas contra el fuego

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Estamos a punto de entrar en la semana de mayor riesgo de incendios forestales en la provincia, cuando las temperaturas y la radiación son más altas, lo que hace que lo servicios de extinción estén en alerta máxima, algo que, desgraciadamente no es nuevo porque entre las olas de calor que hemos atravesado este verano, la falta de lluvias y la poca limpieza de los montes, la provincia, al igual que el resto de España, es un auténtico polvorín en estas fechas.

Afortunadamente Albacete es una provincia llena de sierra con unos paisajes preciosos, aunque en muchas ocasiones no los valoramos hasta que vemos que podemos perderlos a causa del fuego. La precaución es la mejor prevención porque en nueve de cada 10 incendios está detrás la mano del hombre, normalmente por negligencia o accidente, apagar mal una colilla en el monte puede causar mucho daño o usar maquinaria agrícola cuando el riesgo de incendio es tan alto son imprudencias que estamos acostumbrados a cometer  sin pararnos a pensar en el daño que podemos hacer a nuestro entorno.

Ahora se habla de incendios de sexta generación, que prácticamente son inextinguibles y que los bomberos tratan de controlar y apagar siguiendo otro tipo de estrategias. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Pues la respuesta es clara, la gente ha ido emigrando a las ciudades y el campo se ha vaciado. Durante las postguerra no existían estos incendios porque el campo se cultivaba, un bancal arado servía de cortafuegos, los montes se limpiaban porque la gente necesitaba coger leña para calentarse o los ganados colaboraban con esa limpieza pastando.

Con la evolución de la sociedad los campos se fueron abandonando, la leña se queda en los montes y oficios como los de recolectores de hierbas aromáticas o pastores, están desapareciendo y eso convierte a nuestros montes en auténticas gasolineras para el fuego.

Es cierto que se invierte en tratamientos selvícolas, que se realizan podas, pero eso no es suficiente porque muchas veces la leña de esas podas no se saca y permanece seca en las sierras. El año pasado sufrimos el paso de la borrasca Filomena que hizo mucho daño derribando numerosos árboles que, en muchos casos siguen ahí, quebrados y secos, esperando que una chispa prenda y arrase con todo en pocos instantes.

En la sierra saben muy bien lo que es sufrir un incendio y lo que les hace perder, no solo el patrimonio natural, sino también el negocio turístico, por eso los vecinos de pueblos como Yeste o Molinicos hacen un llamamiento a la responsabilidad cuando salgamos a disfrutar del monte y denunciemos cualquier acto imprudente que pueda provocar un incendio que destruya nuestro patrimonio más querido y que es irremplazable.