Juzgan al acusado del crimen de la calle Blasco Ibáñez

Josechu Guillamón
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En el juicio, que comenzará el próximo viernes 2 de octubre, se tendrá que probar si el procesado realizó 100 cortes a su cuñada, antes de marcharse de su casa cuando ella agonizaba

Imagen del momento en el que sacaron el cuerpo de la fallecida. - Foto: J. M. Esparcia

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial juzgará el próximo viernes al hombre acusado de matar a su excuñada en la vivienda en la que ésta residía, en la calle Blasco Ibáñez, delito por el que el fiscal solicita una pena de 25 años de prisión.
Según el escrito de acusación, el procesado, M.R.G., que en la actualidad tiene 37 años, se estaba divorciando de su mujer en junio de 2018, por lo que en ese momento tenía muy mala relación con su  todavía su mujer y con la familia de ésta.
Sobre las seis de la mañana del día 4 de junio de 2018, el acusado salió de su domicilio, para dirigirse al de su cuñada, A.B.N.L., ubicado en la calle Blasco Ibáñez de Albacete, con intención de matarla, por lo que llevó consigo una mochila con cuchillos, un destornillador, cinta adhesiva y una careta para no ser reconocido por los vecinos y ropa para cambiarse. 
Tras acceder al portal, permaneció esperando en la puerta de la vivienda, a la espera de que la mujer saliera a trabajar, puesto que conocía sus horarios.
El crimen. Según la Fiscalía, la mujer abrió la puerta encontrándose en ese momento, pegado a la misma, al acusado, que propinó un fuerte empujón tanto a la puerta como a ella misma, la cual, sorprendida y sin poder hacer nada para evitarlo, y dada la intensidad del impacto, cayó al suelo en el interior de su propia casa, a la que entró el acusado, cerrando la puerta y echándose encima de ella para que no pudiera moverse.
Pese a que la mujer intentó zafarse del acusado y chillar para pedir ayuda, el acusado, tras intentar taparle la boca, la cogió del cuello y, estando encima de ella, sacó un cuchillo de cocina que llevaba preparado en el pantalón y con el mismo, y con ánimo de causarle la muerte, la apuñaló varias veces en la espalda. 
Pese a que, la excuñada le suplicaba que la dejara y le pedía repetidamente que esperara, el acusado continuó apuñalándola y le dio numerosas cuchilladas tanto en los muslos como en la cabeza. 
Como quiera que la mujer estaba malherida pero seguía con vida, el acusado la arrastró por el pasillo hasta la cocina y, al llegar allí, la dejó tumbada boca arriba. Ella le dijo que era un cabrón y éste le contestó «no iba a violarla, que no era un violador» y en ese momento sacó de la mochila que portaba un cuchillo grande, en forma de machete, y con el mismo, estando ya la mujer gravemente herida, sangrando y totalmente indefensa, se puso encima de ella y la acuchilló repetidamente con intención de acabar con su vida.
El acusado acuchilló a su víctima repetidamente en el abdomen, en el pecho y en el cuello y, finalmente, sin más intención que la de incrementar su dolor, le hizo dos cortes en el cuello, uno en cada dirección, y se marchó del lugar de los hechos quedando la mujer agonizando en el suelo de la cocina, lugar en el que fue encontrada, ya muerta, por sus padres varias horas después.