Carcelén: tierra ancestral de 'Montones'

Ana Martínez
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Además del Castillo del Conde de Casal y de su carrera de antorchas, es el municipio de La Manchuela con mayor número de fuentes naturales

Pedro, Juan y Sara en las escalinatas del Castillo del Conde de Casal de Carcelén. - Foto: José Miguel Esparcia

Orgullosos de sentirse carceleneros y carceleneras. Juan, Pedro y Sara son el vivo ejemplo de la repoblación del medio rural, tres jóvenes que dejaron las grandes urbes para volver a tocar con las manos la tierra que les vio nacer y el aire que les procuró su primera bocanada de oxígeno. Son tres moradores implicados en el activismo carcelenero, porque aman sus raíces, quieren conservar historia, costumbres y tradiciones y luchar contra la España vaciada que azota a muchas localidades de este país para falta de servicios, recursos e iniciativas públicas y privadas.

Se vanaglorian de mantener y conservar una de las actividades más afamadas y conocidas de la localidad: los denominados Montones, una carrera ancestral que se celebra cada 23 de agosto y que se le atribuye a tres orígenes:a las brujas y el aquelarre; a la llama de Dios y, la que quizá tiene más sentido, a los segadores que anunciaban su llegada bajando desde la Piedra del Mediodía y su reloj solar hasta las eras.

En la actualidad y debido a las medidas de seguridad relacionadas con la prevención del fuego, a las 11 de la noche de cada 23 de agosto se encienden tres montones de carrasca en la cima de la montaña, desde donde descienden andando los corredores, algunos de ellos portando antorchas, hasta llegar a La Pilarica, donde otro montón de llamas anuncia el inicio de la carrera que culmina en las inmediaciones de la ermita del Cristo de las Eras, donde la última gavilla de leña es prendida por los ganadores de las categorías femenina y masculina.

La fiesta culmina con la entrega de premios, un castillo de fuegos artificiales y la romería en procesión del Cristo de las Eras hasta la iglesia de San Andrés, donde permanece hasta el 26 de agosto.

Oportunidades laborales. Juan Laureano Martínez vive en Carcelén desde 2003, año en el que abandonó Valencia, «agotado por la ciudad», y regresó al pueblo natal familiar para trabajar en la prevención y extinción de incendios. «Solo la empresa Geacam ha generado unos 26 puestos de trabajo en Carcelén», una de las claves esenciales para frenar el éxodo de jóvenes rurales a la capitalidad.

Reside a seis kilómetros del casco urbano de Carcelén y tiene dos hijos de seis meses y dos años que tiene que llevar cada día a una escuela infantil de Higueruela, dado que la asociación que constituyó un grupo de jóvenes madres y padres en Carcelén para crear una ludoteca se quedó con solo tres menores con entre uno y tres años. «Esto es una responsabilidad de la administración pública, es la que tiene que garantizar esta atención para que las familias decidan quedarse en los pueblos a vivir», reclama Juan.

Despúés de estudiar un módulo de Interpretación de Lengua de Signos y Magisterio, Pedro González decidió residir junto a su padre en Carcelén para prepararse las oposiciones a Educación, estudios que compagina como camarero y cocinero en uno de los tres bares instalados en el municipio, a los que se suma un chiringuito de verano en la Fuente de los Pimenteros, un espacio entre urbano y natural en el que destaca el lavadero municipal y una zona al aire libre dotada con barbacoas y mesas de camping, donde transcurre la vida vespertina y nocturna de la sociedad carcelenera durante todo el verano. «Aquí por las noches refresca, hay que venir con chaquetica», advierte Pedro.

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