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Javier D. Bazaga

NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


La debilidad del hombre

25/02/2022

«Un ejército es una peculiar obra maestra que consiste en una combinación en que la fuerza es la consecuencia de una gigantesca cantidad de impotencia. Tal es la explicación de la guerra». Esta frase está escrita en una de las obras cumbre de la literatura universal, Los Miserables, de Víctor Hugo.
La guerra ha sido durante siglos, desde el principio de los tiempos, ese género por el que el ser humano –en su versión más romántica–, se ha sentido atraído porque ha podido enterrar en él sus fantasmas, ha podido enaltecer sus valías, y ha podido magnificar sus miedos, cara a cara con la muerte, engalanados de valor y heroicidad cubiertos con la benevolencia de las palabras y de la historia. Lo hizo César con la Guerra de las Galias, Salustio con La Guerra de Yugurta,  y Virgilio con  la Eneida.
Y así podemos llegar hasta Homero, con la Ilíada, como obra referente en la que la guerra es la protagonista, junto a Aquiles, Agamenón y, cómo no, Helena de Troya, la eterna culpable de aquella catástrofe del mundo antiguo que marcó el rumbo de nuestra cultura. Para el gran helenista Antonio López Eire, la Ilíada es «la grandiosa epopeya en la que, ante el telón de fondo de una guerra, desataca poderosísima la idea de la debilidad del hombre, efímera criatura sometida a poderes superiores, pero, pese a todo, capaz de alcanzar el renombre del heroísmo a fuerza de valor, coraje, sufrimientos y renuncias».
Debilidad del hombre dice, pese a la que, siendo una criatura efímera, es capaz de alcanzar el renombre del heroísmo. La invasión de Vladimir Putin a Ucrania tiene toda la pinta de encajar en esa idea de la «debilidad del hombre» que desea, por encima de todas las cosas y sin importar las consecuencias, alcanzar la eternidad basada en un supuesto heroísmo, pero no a fuerza de valor, sino de opresión y sí, «sufrimientos y renuncias», siempre que sean las de otros.
Las ansias imperialistas de un dirigente déspota como Putin han superado cualquier atisbo de responsabilidad y sensatez para con la comunidad internacional. Hay motivos, claro, económicos, territoriales, de recursos minerales… para invadir Ucrania, pero Putin no busca solo eso, busca recuperar la relevancia que tuvo durante la 'Guerra Fría', cuando Rusia era considerada una superpotencia en el tablero internacional, y levantaba la barbilla con arrogancia delante de EEUU.
El problema de Putin es que esa arrogancia le impide dejar que la historia, que la escriben los acontecimientos y la fija el tiempo, le eleve al rango de epopeya griega, por lo que él mismo se ha propuesto escribirla, con su puño y sus tanques, utilizando como tinta una sangre que no es suya. Parece que las conoce, pero olvida Putin que las verdaderas y valerosas historias homéricas han llegado a nuestros días cantadas por personas que las vivieron, otros que las aprendieron, y los que luego las recordaron y las transmitieron. Hoy son muchos los ojos que miran sus movimientos, y no entienden su pretendida 'heroica' hazaña, pero su ego zarista llevará a medio mundo a un conflicto indeseado e incomprensible en pleno siglo XXI.
La explicación de Víctor Hugo en Los Miserables que citaba al principio continúa así, sobre la guerra: «es algo que lleva a cabo la humanidad, contra la humanidad, pese a la humanidad». ¿Qué hemos aprendido?