"Siempre he sido una enfermera de laboratorio"

T.R.
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Luisa Martínez Espinosa acaba de colgar la bata de enfermera en el Hospital General de Albacete, tras más de 46 años de servicio público ininterrumpido

"Siempre he sido una enfermera de laboratorio" - Foto: José Miguel Esparcia

Luisa Martínez Espinosa acaba de colgar la bata de enfermera en el Hospital General de Albacete, tras más de 46 años de servicio público ininterrumpido. La suya ha sido una trayectoria profesional siempre ligada a los laboratorios, y en los últimos años, como parte de la plantilla del Servicio de Inmunología, con el doctor Jesús Ontañón a la cabeza, una faceta desconocida de la profesión y donde cada vez más la Enfermería ha ido perdiendo protagonismo, en favor de los TEL (técnicos especialistas de laboratorio). Casada y madre de tres hijos, Martínez Espinosa, decidió jubilarse tras superar en casi dos años la edad normal de jubilación, es decir, tiene casi 67 años, algo poco habitual entre la profesión enfermera.
Recuerda con nostalgia los 18 años de trabajo en el Hospital de tuberculosos Los Llanos, un centro hospitalario pequeño y familiar.  También los hitos vividos por el Servicio de Inmunología del que ahora se despide, tanto en el primer trasplante renal realizado en la región como en el primer laboratorio en registrar y tipar las donaciones de médula ósea de la comunidad.
¿Dónde estudió la carrera de Enfermería, porque en su época no existía la UCLM?
Estudié en la Escuela de Enfermeras que había en el sanatorio de Santa Cristina, donde nos preparaban y las que superábamos las  pruebas nos examinábamos en la Facultad de Medicina de Murcia. Empecé a formarme como enfermera en 1971 y terminé en 1974. Entonces sólo era necesario para entrar en esta Escuela tener los estudios de cuarto y reválida, por eso yo entré a estudiar con 17 años. Después cuando salió la diplomatura de Enfermería tuve que realizar un curso puente en la UNED, cuyas clases se impartían en el Colegio de Enfermería.
¿Cuándo trabajó como enfermera por primera vez?
La primera vez que empecé a trabajar lo hice en el laboratorio del ambulatorio San Juan Bautista de Albacete el verano del segundo curso de Enfermería, aunque trabajé como auxiliar de clínica, porque en ese momento tenían problemas para encontrar enfermeras que pudieran realizar las extracciones de sangre. Empecé a trabajar en un laboratorio y he acabado en otro, el del Inmunología, yo siempre he sido una enfermera de laboratorio, porque cuando yo empecé esa especialización era muy demandada, hasta que llegaron los técnicos, que nos fueron desplazando a los profesionales de Enfermería, aunque no fue ese mi caso ni el de otras compañeras, porque nos amparaba la Ley del 86. 

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