Elena Serrallé


El peligro de normalizar

25/11/2020

Qué peligroso es normalizar lo que, ni de lejos, lo es. Eso que tú llamas amor, nada tiene que ver con el amor, sino más bien con la sumisión. Te escucho y compruebo que vives en una continua estafa de sentimientos. Te han engañado, te han vendido un producto defectuoso, no querida, eso no es amor. 
Has normalizado un pequeño universo en el que otra persona se ha encargado de repartir los papeles y a ti te adjudicó el de sufridora, el de culpable, el de inepta, el de tonta, el de inculta y el de callada. No, no es normal que lleves días, meses, años, sin sonreír. Esas ojeras perpetuas no son normales. Tampoco es normal que telefonees a tu madre a escondidas, como el ladrón que planea un atraco. No es normal que tiembles cuando te exija que le enseñes el ticket de la compra y cuente las monedas del cambio. No, no es normal. Sentir miedo todos los días y todas las noches no es normal.
No es normal que te pases la vida pidiendo permiso y perdón, permiso para vivir y perdón por existir. Has llegado a normalizar renunciar a ti, a tu esencia, a tus ganas por avanzar, a tus metas y a tus proyectos, incluso has normalizado vivir en una eterna justificación mientras te afanas por intentar convencerte de que te lo mereces. Pasar de puntillas. Has normalizado un error.
Normalizaste los gritos y las amenazas, y también las humillaciones y los insultos, incluso los golpes llegaste a normalizar, pero permíteme que te susurre al oído que nada, absolutamente nada de todo esto es normal. Despierta.