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Ramón Bello Serrano

Ramón Bello Serrano


Solución final

18/12/2021

El honor, la verdad y la justicia -«los tres jueces agazapados en el fondo de cada conciencia»-, escribirá Balzac en Modesta Mignon. ¿Hay honor, verdad y justicia en Canet de Mar? ¿Qué se dirán las familias de los que señalan en privado, en la paz de los hogares, recién vueltas de la puerta del colegio? Es sencillo decir -por ser terrible- que este conducirse en la política y en la vida social es lo más obscuro y tribal del hombre. Pero tiene uno curiosidad en conocer la férrea disciplina de una casa -quizá el abuelo defienda un poco al padre y pretenda un socorro; o el nieto recuerde los partidos donde hizo amistad (de ley) con el niño ahora señalado- y en cómo funciona el odio y sus derivadas. Cuando el odio es público (hay manifestaciones a las puertas del colegio y un querer saber el domicilio y negocio familiar para señalarlos) todo se lleva de otra manera, los límites morales se difuminan y se enjugan pronto, es fácil compartir la almendra del relato y se disculpan los excesos, alguna que otra salida de tono, cosas de este tipo, propias de las reuniones en las calles. Pero si el claustro es el mayor esfuerzo del cristiano -de nuevo Balzac- es natural que pueda uno preguntar y acercarse al esfuerzo de aquellas familias por ser honorables, verdaderas y justicieras, en su beligerancia para con la familia del niño de Canet de Mar. Estas familias no están solas en lo público -ya está dicho- y hasta disponen de iglesia y pensadores -quiero decir que su apuesta vital viene reforzada por algo más que la ley o que el mandato moral-, pero aquí nos importa el relieve, también moral, de aquél abuelo que se conduele en silencio del linchamiento y que observa la tristeza de su nieto al que han desgajado de un solo tajo del compañero de partidos y de patio. En la mesa camilla laboran los jueces agazapados de cada conciencia y ese laborar constituye la esperanza lábil que milita frente al que se cree más que otro y es capaz de orillarlo. Todo nacionalismo muestra un rostro como la hoja de un cuchillo, fría y áspera -odio moral-, borrasca sorda y sin relámpagos. Nuestro abuelo que duda en conciencia acabará por estorbar (el estorbo de los viejos) y es por éstas cosas por las que se busca imponer la solución final.

ARCHIVADO EN: Política, Nacionalismo