COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Iglesias gana otra batalla

25/11/2020

Ningún gobierno de coalición tiene una vida fácil, sobre todo cuando no hay cultura de pacto, como en este país, donde hasta ahora habían sido muy pocos, pero no habían provocado tantos conflictos como desde que aparecieron los partidos de la nueva política. La convivencia entre el PSOE e IU, allí donde se habían dado transcurrieron por los cauces de la lealtad hasta que llegaba el momento de romper ante la celebración de unas nuevas elecciones. Todo dentro de la normalidad. Ni el pez chico pretendía comerse al grande, y el grande respetaba el marco de competencias del chico.  

En el caso del Gobierno de coalición que dirige los designios de la nación todo se ha vuelto del revés y se suceden los encontronazos que hacen que se la rectificación y la deslealtad son la norma de funcionamiento: por la soberbia de los principales líderes de los dos partidos que lo integran y por no medir las consecuencias de sus decisiones. Que Pedro Sánchez decidiera dejar a Pablo Iglesias fuera de la comisión que ha de conceder los fondos del plan europeo de recuperación, en la que estaban las otras dos vicepresidentas del área económica, y solo la ministra de Trabajo por parte de Unidas Podemos, no era una decisión muy sensata y desde luego debía haber calibrado, él o sus asesores, que tendría resaca dada la importancia del empeño.    

La deslealtad de Pablo Iglesias con la búsqueda del apoyo de EH Bildu a los Presupuestos, conociendo que tendría repercusiones en el PSOE por cuestiones más de éticas que políticas, y la firma de una enmienda a las cuentas públicas que el mismo había negociado previamente, firmada en comandita con EH Bildu y ERC, habían generado un malestar evidente en el seno de los ministros socialistas. Ahora bien, la respuesta del presidente del Gobierno no puede ser otra maniobra como la que ha realizado y que se ha visto obligado a rectificar porque queda en evidencia dos veces. Una por la torpeza de pensar que Iglesias se quedaría de brazos cruzados y no airearía el error; y otra, por la marcha atrás que no ha tardado ni unas pocas horas en producirse una vez que fueron conocidas las intenciones de Pedro Sánchez. Si lo que pretendía era dar un puñetazo en la mesa como le han recomendado, para que el líder de Unidas Podemos deje de ir por libre y se crea de una vez que forma parte de un gobierno que es solidario en sus decisiones y no un Ejecutivo partido en dos, lejos de lograrlo, se ha dado un tiro en el pie y ha salido mal parado.   

Pablo Iglesias ha ganado otra batalla política al PSOE sin tan siquiera tener de dar demasiadas explicaciones porque en este caso se trataba de la víctima propiciatoria. Estaba previsto que fuera una comisión con sede en La Moncloa desde donde se dirigieran y se controlara todo el flujo de inversiones para los proyectos de reconstrucción y modernización de la economía poscoronavirus, con una relajación de los controles y una intensificación de la colaboración público-privada que ahora será supervisada por todo el consejo de ministros. Al menos en esta ocasión Pedro Sánchez ha rectificado con prontitud y se ha cerrado la herida antes de que sangrara demasiado. Pero no por ello ha dejado de tener producirse otro nuevo desencuentro a sumar a toda la ristra de los que ya han tenido lugar lo que pone de manifiesto que los intentos de coordinación que se han puesto en marcha hasta ahora no han sido efectivos.