Dos albacetenses entre los tres mejores residentes de La Fe

Josechu Guillamón
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El cirujano plástico, Enrique Salmerón fue premiado como el número uno del famoso hospital valenciano y el traumatólogo Iván Copete como el tercero

Enrique Salmerón, mejor médico residente de La Fe, junto a Iván Copete, premiado como el tercero mejor. - Foto: I. C.

Como cada año, el Hospital La Fe de Valencia eligió recientemente a los cinco mejores médicos residentes de último año, en los que se reconoció el trabajo del cirujano plástico, Enrique Salmerón y el del traumatólogo, Iván Copete, ambos albacetenses.
De hecho, Salmerón fue elegido como el mejor de los 106 profesionales que terminaban la residencia este año y Copete como el tercero.
Tanto Enrique Salmerón, como Iván Copete estudiaron en la Facultad de Medicina de Albacete y al terminar sus estudios y sacar una buena nota en el MIR pudieron elegir ir a un hospital de referencia, como la Fe de Valencia, como explica Salmerón. «Cuando llegó el momento del MIR y tuve la suerte de sacar un buen número, pude elegir y me puse a mirar cuales eran los mejores servicios de cirugía plástica de España y por cercanía y por la buena impresión que me dio cuando vi el servicio, mi primera opción fue La Fe y ahora que he terminado la residencia no me arrepiento para nada».
Y es que desde su segundo año de carrera Enrique Salmerón tenía claro que quería dedicarse a la cirugía plástica. «Fue a raíz de una charla que nos dieron los cirujanos plásticos de Albacete, el doctor Javier Montón. Yo tenía el gusanillo y la curiosidad dentro del cuerpo y además un verano hice un rotatorio (similar a un intercambio) en Lituania en un servicio de cirugía plástica y estuve un mes y me llamó la atención».
Duros inicios. A pesar del final feliz que han tenido sus cinco años como residentes, Iván Copete asegura que no han sido fáciles. «Han sido cinco años duros, en el sentido de que he tenido que estudiar mucho y trabajar mucho. Hacemos muchas guardias, muchas sin librarlas al día siguiente. Han sido cinco años sacrificados y cansados, pero la recompensa es espectacular, no sólo por un premio como éste, que es un reconocimiento, sino por el currículum que hemos hecho al terminar la residencia, que es bastante bueno y eso te facilita el tener una carrera profesional buena también».
Algo con lo que coincide Enrique Salmerón. «La residencia es un periodo extraño, porque ya no eres universitario, eres médico, pero entras otra vez en un periodo formativo, en el que empiezas casi de cero como residente de primer año y poco a poco vas ganando responsabilidades, entablando contacto con la gente del servicio, con otras especialidades más cercanas, es bonito, porque conoces a mucha gente y aprendes muchísimo».

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