Las nuevas comunidades de aprendizaje del verano

Ana Martínez
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Las vacaciones han sido el punto de partida de nuevas y numerosas iniciativas monográficas que educan en la protección del planeta, fomentan la creatividad o promocionan el deporte

Participantes del campamento urbano de Mandarina Garden. - Foto: José Miguel Esparcia

Cada verano, con la llegada de las vacaciones escolares, surge la misma pregunta: ¿qué hacemos con los niños? Conciliar en época vacacional es complicado, máxime si los hijos son pequeños y necesitan una atención prácticamente constante. Los abuelos se han convertido en la gran alternativa, segura, a jornada completa y barata, aunque los hay que optan por reducciones de jornada, suspensión temporal de empleo y sueldo o excedencias por crianza.
La conciliación laboral y familiar se ha convertido en un problema social que afecta especialmente a las mujeres, principales cuidadoras de los hijos y del hogar. Desde las instituciones públicas, las escuelas de verano se han convertido en la tabla de salvación para muchas familias trabajadoras sin grandes recursos económicos, mientras que los campamentos de verano, los campus o los intercambios internacionales son salidas con las que tomar aire, aunque sea por apenas 15 días.El caso es que como la necesidad aprieta, en los últimos años han surgido alternativas de ocio y tiempo libre que combinan la pedagogía y el aprendizaje con la actividad física, el entretenimiento y la concienciación.
Se trata de propuestas urbanas, algunas públicas, otras privadas, que se salen de la norma e incluso son monotemáticas, que se realizan por las mañanas durante todo el verano y tienen un coste por niño que una familia de clase media se puede permitir.
Una de estas alternativas la encontramos en el Centro Provincial de Educación Ambiental de Albacete de la carretera de Ayora. Por primera vez, este recurso de la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural ha convocado campamentos urbanos de verano de cinco días de duración, con los que se pretende que los menores adquieran conocimientos sobre su entorno y aprendan a respetarlo y cuidarlo de una manera sostenible.
«Nuestra tarea es que, a través de numerosos talleres y actividades, crear la suficiente sensibilización en los chavales hacia problemas medioambientales que nos afectan a todos». Lo explica Francisco Javier Gómez, monitor medioambiental de este centro que, durante muchos veranos, recibía a los alumnos de las escuelas de verano del Ayuntamiento en una sola jornada, insuficiente para crear conciencia.

 

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