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Segunda juventud para los veteranos de la escena

J.Villahizán (SPC)-Agencias
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La edad para los que han sido monstruos de la interpretación no supone cortapisa alguna para volver a comerse el mundo y demostrar que aún son jóvenes en talento y espíritu

José Sacristán, María Galiana, Leo Bassi, Lola Herrera, Magüi Mira, J. Luis Gómez, Julieta Serrano y J. Carlos Plaza

Que la vida es puro teatro, ellos lo tienen meridianamente claro. Actores y actrices como Lola Herrera, José Sacristán, María Galiana, José Luis Gómez, Leo Bassi, Nuria Espert, Julieta Serrano, Magüi Mira o José Carlos Plaza llevan décadas derrochando arte sobre las tablas y se han convertido en veteranos de la escena que siguen en activo tras décadas de un trabajo que desempeñan con pasión. Están enganchados a una profesión que aman.

Está claro que el futuro del teatro está en las nuevas generaciones de actores, pero también es cierto que el amor por la escena no conoce de edades, aún menos en una profesión tan vocacional como es el teatro. 

En estos casos no se cumple la máxima de que cuando uno llega a cierta edad los buenos papeles empiezan a escasear y el brillo tanto personal como profesional se apaga. Todo lo contrario, ellos son la viva prueba de que quien tuvo, retuvo, y que lejos de no recibir llamadas, tienen una agenda más que repleta de compromisos. 

Reinventarse o volver a los orígenes del teatro puede ser una buena guía para seguir trabajando en aquello que a uno más le gusta: la interpretación, a pesar de que los años ya suman varias décadas.

Por eso, la edad para estos monstruos de la actuación no supone ninguna cortapisa para volver a comerse el mundo e, incluso, están dispuestos a empezar de cero en lo que sea con tal de seguir en activos y hacer lo que mejor saben hacer.

Además, se sienten seguros de sí mismos y son capaces de enseñar a los demás y de enorgullecerse en las redes sociales que están en plena forma y que lejos de pensar en retirarse, su única fijación es seguir adelante y continuar trabajando hasta que Dios quiera.

Dicho y hecho. Tras iniciarse en las tablas de los teatros allá por mediados de siglo pasado y pasar después a la gran pantalla con grandes directores, estos malabaristas de la palabra, el show y la actuación deciden reubicarse en la pequeña pantalla o volver a aquello que más aman, las tablas. Es allí donde se sienten más a gusto y donde expresan todo su potencial aprendido en años de trayectoria.

Es imposible arrebatarles ese sueño postrero de convertirse de nuevo en el protagonista de Señora de rojo sobre fondo gris, ser la única que abraza a toda la Humanidad tras la pandemia, pasar cinco horas con Mario, recitar por enésima vez a Ulises, sentirse un juglar del siglo XIII o dirigir a una exitosa Bernarda Alba.

 

José Sacristán. 'Enganchado' a las tablas seis décadas

Parece que las tablas enganchan y prueba de ello es la adicción que tiene José Sacristán (Madrid, 1937) desde que a los 23 años se subió a un escenario. Ahora, seis décadas después sigue al pie del cañón con Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes, una obra «formidable» en la que el novelista se resguardó en el protagonista para narrar un camino desenfrenado hacia la muerte.

Pero no solo el teatro ha seducido al de Chinchón, también el cine ha sido una de las grandes pasiones del intérprete durante  cerca de medio siglo. En donde ha participado en filmes tan memorables como La Familia y... uno más, Asignatura pendiente, La Colmena, Viaje a ninguna parte, Tacones lejanos y La ardilla roja, o las recientes Formentera Lady o Cuidado con lo que deseas, entre otros.

Por eso, el maestro considera que la verdadera dimensión del éxito es la continuidad en el trabajo y que, a pesar de su edad, quiere seguir adelante, porque «quiero estar vivo y seguir aprendiendo», pues considera que la experiencia y la profesionalidad no son definitivas.

María Galiana. Mucho más que la abuela Herminia

A sus 85 años, María Galiana, conocida como la abuela Herminia en la serie de televisión Cuéntame cómo pasó, aún no piensa en la jubilación; al contrario, ama trabajar y esta temporada está de gira con El abrazo, un texto poético que muestra con humor «la doble moral» con la que se vive.
«Me gusta mucho trabajar, amo el trabajo, no me molestan los madrugones y disfruto muchísimo yendo al plató», destaca esta andaluza que no se dedicó al espectáculo hasta los 50 años cuando le ofrecieron participar en la película Madre in Japan. Sin demasiadas expectativas, continuó con su trabajo de maestra hasta que Juan Diego y José Luis García Sánchez llegaron a Sevilla en busca de una madre andaluza para Pasodoble. A partir de ahí, fue diciendo sí a todo lo que venía, porque todo era importante.
Justo en el año 2000, gana el Goya a Mejor Actriz de Reparto por  la tímida y reservada madre de Solas, de Benito Zambrano, y meses después se jubila como maestra. Fue en ese momento cuando deja su vocación, la docencia, y se dedica enteramente a su segunda pasión: la interpretación.

Leo Bassi. Con 70 años y lleno de proyectos

Aunque no lo parezca, el actor Leo Bassi (Nueva York, 1952) asegura que llegar a los 70 «no entraba en sus planes» y se ratifica: «Si alguien me hubiera dicho cuando tenía 20 años que a los 70 estaría lleno de proyectos y con más ganas de vivir que nunca, le habría considerado un auténtico loco».
Reconoce que cuando era joven pensaba que «la vida creativa era una explosión de mi fuerza vital de entonces y que pasados los 50, si todo salía bien, podría vivir pacíficamente hasta el final con lo que habría logrado», señala Bassi.
Sin embargo, desde hace unos años siente que su deseo atávico de provocar, el motor de todo sus espectáculos desde que creó su marca, «tiene una profunda raíz existencial», pero no encontraba manera «de sacarla del subconsciente».
«Nuestra sociedad de consumo ha banalizado la cultura y se ha perdido el sentido profundo del ritual de la vida. Nos hemos empobrecido todos», afirma Bassi, quien considera que la misión número uno de cualquier artista hoy «es volver a dar sacralidad al arte».

Lola Herrera. La intérprete que 'resucitó' a Mario

«Estaré hasta finales de noviembre con mi muerto que tiene mucha vida», afirmó hace poco la actriz Lola Herrera, quien tras 43 años interpretando Cinco horas con Mario se retirará de los escenarios y se dedicará a «ver teatro», así de simple, merecido y real.
De esta forma, la vallisoletana pone fin a más de cuatro décadas de fidelidad con un monólogo basado en la novela homónima de Miguel Delibes que ha representado a lo largo de cinco etapas, desde su estreno en Madrid en 1979.
Entonces, solo Lola Herrera se atrevió a asumir la carga profesional de un texto de casi hora y media, sola en el escenario y frente a un auditorio repleto. Tenía 44 años cuando el 26 de noviembre de 1979 Lola se subió en Madrid a las tablas del Teatro Marquina para ponerse en la piel de Carmen Sotillo por primera vez y, con el paso del tiempo, durante más de 2.000 representaciones, convertirse en el álter ego de la viuda más célebre de la escena española.
Hoy, con la sensación del deber cumplido, Lola Herrera ya piensa en el retiro a sus 86 años.

Magüi Mira. Molly Bloom vuelve 40 años después

Magüi Mira, a sus 77 años, ha vuelto a encarnar a Molly Bloom, la protagonista del monólogo de Ulises, de Joyce, 40 años después de hacerlo por primera vez. «El teatro nutre el corazón y el pensamiento, te hace sentir vivo», es más, añade, «fortalece el sistema inmune ante la crudeza de la vida».
En 1980, Mira cautivó al público y a la crítica con su mítica interpretación. Hoy, las mismas palabras escritas por el irlandés vuelven a ser interpretadas por esta valenciana que, con su edad, acercará al público una Molly nueva, insólita y sensible al trato injusto que recibe la mujer.
Pero Magüi es mucho más que Molly Bloom, se ha dedicado a lo largo de su carrera a la docencia, la interpretación,  la realización de textos y la dirección, además de fundar un teatro y varias productoras.
La proyección pública de Mira en los últimos 40 años por su trayectoria profesional, su presencia en los foros públicos, y su significativa lucha por la igualdad en la cultura española, la han convertido en una referencia de la dignidad de la mujer en nuestro país y uno de los pilares de la cultura española.

J. Luis Gómez. El maestro de la precisión de los gestos

Si hay algo que caracteriza a José Luis Gómez es su precisión gestual, como sigue demostrando a sus 81 años en cada actuación de Mío Cid, obra cumbre de la épica hispánica. Con el único acompañamiento de un pianista, este actor onubense sorprende con su interpretación depurada y personal, como si de un juglar del siglo XXI se tratase.
Pero la carrera de Gómez ha transitado entre la academicidad de la RAE a las tablas de los teatros o los set cinematográficos.
Formado en Alemania y Francia, el artista pronto se inició en los escenarios, además de producir textos de Kafka y Brecht, entre otros. A los que se sumó en plena Transición la dirección del Centro Dramático Nacional y el Teatro Español.
Entre sus interpretaciones en la gran pantalla más memorables se encuentra la de Pascual Duarte en 1976, en la adaptación de Ricardo Franco de la obra de Cela, con la que fue galardonado con el premio al Mejor Actor en el festival de Cannes. Aunque también ha trabajado para Almodóvar, Saura, Gutiérrez Aragón o Jaime Chavarri.

Julieta Serrano. El teatro como alimento del alma

«El teatro es pura vida y alimento para el alma, genera emoción y ayuda a entender quién eres y qué es la vida que te rodea», cuenta Julieta Serrano (Barcelona 1933), que lleva más de siete décadas sobre las tablas. Ahora, a sus 89 años, saborea la existencia y espera que le llegue un nuevo proyecto, «un autor nuevo, joven con talento, algo novedoso que me colme de alegría», asegura.
La actriz catalana destaca siempre por esa vitalidad desbordante y ganas de hacer cosas, con un talento que engrandece a todos los personajes que ha hecho en su vida, tantos como las decenas de películas que ha protagonizado con algunos de los mejores directores. Entre sus papeles más recordados se encuentran los que realizó en Entre tinieblas, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Mi querida señorita, Tata mía, El amante bilingüe, Dolor y gloria, Madres paralelas…
Por eso, a sus casi 90 primaveras, Julieta Serrano no para de recibir llamadas para trabajar. Y las sigue contestando. Porque, como ella misma asegura, «haré lo que diga el Universo, pero no me apetece nada irme a casa».

J. Carlos Plaza. Bernarda Alba respira en las tablas

Con apenas 20 años un joven  José Carlos Plaza decide que su pasión es la escena, aquella en la que puede expresar todo el torrente creativo que lleva dentro. Hoy, casi seis décadas después de aquello, el director madrileño se resiste a jubilarse (79 años) y sigue al pie del cañón con nuevos proyectos e ilusiones.
El veterano productor regresa a las tablas, de las que nunca se fue, para representar una versión del drama lorquiano La casa de Bernarda Alba. Aunque en esta entrega, respecto a la realizó en 1984, el autor se muestra más esencial, escueto y hasta agresivo. «El teatro y la sociedad han cambiado. Todo ahora va mucho más rápido. Cualquier explicación en el teatro mata el teatro, de ahí la necesidad de utilizar elipsis y saltos para ir al grano», asegura.
Otra de sus puestas en escena memorables es Las bicicletas son para el verano, además de llevar a cabo la dirección de los espectáculos de Ana Belén y Víctor Manuel, así como óperas  en Francia, Argentina, Italia y España. Asimismo, estuvo al frente del Centro Dramático Nacional y del de Estudios Escénicos de Andalucía.