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Abel Cuerda tendrá una gran exposición en Albacete

Emilio Martínez
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La muestra del pintor, que acaba de triunfar en Madrid, será doble: en el Museo Municipal y en la Asunción

Abel Cuerda, en su estudio rodeado de algunas de sus obras. - Foto: Carlos Paverito

Se pueden aplicar con exactitud varios refranes y/o frases tópicas. Que si más vale tarde que nunca, o que nunca es tarde si la dicha es buena, o que no quieres caldo, pues dos tazas. E incluso como añade él con su muy manchego sentido del humor, cualquier excusa es buena… para no perderse la superferia que se espera en septiembre tras dos años castigados sin ella: «Por eso me he montado esta exposición en esas fechas, ja ja», cual relata Abel Cuerda. Que acaba de clausurar con éxito otra muestra en Madrid. Ya en serio, pero no mucho, añade que en vista de que no se muere, los juguetones hados del destino «o quien sea» han decidido que por fin pueda cumplir su viejo sueño que le perseguía desde hace muchos lustros. Tener una gran exposición en 'su' Albacete. Será a partir del 5 de septiembre y durante tres semanas. 

Además, por partida doble, ya que no se desarrollará como es habitual en un solo lugar, sino en dos: el Museo Municipal del Altozano y el Centro Cultural La Asunción. Esta muestra, en principio, estaba prevista para finales de 2019, pero hubo que aplazarla por dos razones muy diferentes. De un lado, la pandemia, claro, y de otro, el desmontaje del Museo para trasladar el archivo de registros del Consistorio, lo que dejaba fuera la opción de exposiciones, y que significó protestas por parte de muchos artistas residentes en Albacete a las que se unió el propio Abel sumándose a un comunicado que hicieron público sus colegas y que éstos agradecieron mucho por la relevancia nacional e internacional del pintor.

También él ha tenido tiempo para cambiar la idea central de la exposición, como explica a La Tribuna: «Si, al final va a ser en los dos sitios pero no antológica como había pensado en principio, porque ahora considero y tengo gran interés en presentar toda la obra nueva en la que he trabajado durante muchas horas diarias precisamente durante estos tres últimos años. Y me apetece mucho que la vean mis paisanos».

De ahí que con este nuevo planteamiento general, también haya variado la distribución de los cuadros, ya que no aprovechará cada sala para dos objetivos diferentes como era su idea inicial. Una para cubrir sus diversas etapas desde que comenzó su larga trayectoria ya en la década de los cincuenta del siglo pasado, y otra para obras más modernas. Ahora decidirá tras un viaje a Albacete la próxima semana para estudiar y medir con detenimiento los dos espacios de la Asunción y el Museo y definir qué cuadros irán a cada sitio. «Hay que verlo bien porque una buena distribución tanto por tamaños, luz y otras cuestiones es muy importante».

También, aparte de las distintas calidades dentro de esta etapa actual en su estilo, debe decidir el total de cuadros de este doblete. Que en principio serán entre 80 y 90, todos procedentes de su estudio. Otro aspecto importante es la forma de vender a quienes pretendan hacerse con alguno o algunos, porque ya sabe que en la sala del Altozano no podrá hacerlo por ser municipal, y cree que no habrá problemas al respecto en La Asunción. «Como es lógico, por mi parte me agradaría vender y que se quedaran en paisanos de la tierra».

Quizás sorprenda que el pintor disponga de tan alto número de cuadros, como es lógico muy por encima de los que podrán verse tras haberlos elegido entre casi el doble. Algo que cuenta se debe a las largas encerronas a diario en su estudio durante estos dos años de pandemia, en los que Abel ha llevado una vida de monje - 'laico', cual precisa-. Porque se metía a primeras horas de la mañana, salía para comer y de nuevo entraba para seguir con los pinceles a veces hasta muy tarde, teniendo que ser su mujer, Ana Hermida, también pintora, la que le avisara para que acabara. «Eso demuestra la ilusión que yo tenía respecto a esta exposición en Albacete, ya que entre unas y otras razones, a pesar de mis deseos, nunca gocé de una oportunidad así», recuerda Abel. Cuya anterior muestra ni siquiera fue en la capital, ya que ocurrió hace tres lustros largos, con aproximadamente la mitad de obras, en la galería Diablos y Tiradores de Chinchilla. Pero allí todavía no pudo verse la evolución posterior que ha dado en su estilo, dentro de sus rasgos clásicos siempre identificables que son su sello y vitola propios. Porque, cual atestigua, «el estilo no se va cambiando de un día para otro, sino que es a partir de pequeñas variaciones de las que incluso a veces el artista ni se da cuenta».

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