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La caída en desgracia de Redondo

SPC-Agencias
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El presidente del Ejecutivo sustituye por sorpresa al gurú que le llevó al poder por un hombre de partido como Óscar López

La caída en desgracia de Redondo - Foto: Mariscal

«A veces en la política, en la empresa como en la vida, además de saber ganar, saber perder, hay que hacer algo mucho más importante: saber parar. Muchas gracias por todo. Ha sido un honor. Nos volveremos a ver». Con este párrafo, escrito en mayúsculas, se despidió Iván Redondo de sus colaboradores después de que Pedro Sánchez anunciase su salida del Gobierno, donde ejercía de jefe de gabinete precisamente del presidente. Su cese fue una de las decisiones más llamativas de las comunicadas por el líder socialista el pasado sábado, ya que junto a Carmen Calvo era una de las figuras claves del Ejecutivo y responsable de gran parte de sus estrategias. De hecho, detrás de las decisiones más controvertidas de Sánchez (la gestión de la pandemia, los indultos, el acercamiento a Bildu...) siempre se señalaba a Redondo, el hombre que le hizo recuperar el liderazgo del PSOE y le llevó a La Moncloa.

«En torno a mi persona hay más ficción que realidad», apuntó este donostiarra licenciado en Humanidades y Comunicación por la Universidad de Deusto en una de las pocas entrevistas que ha concedido desde que su nombre saltó a primera plana tras el inesperado ascenso de Sánchez, que resurgió de su mano tras caer a los infiernos en aquel Comité Federal de infausto recuerdo para el socialismo. Una frase que se podría utilizar también para su despedida de Moncloa. De hecho, el propio presidente apuntaba algo similar: «Hay mucha literatura en los medios sobre este tipo de crisis», señaló sobre la salida de quien fue su mano derecha.

Y es que fuentes cercanas a Redondo señalaron que fue el propio exjefe de gabinete quien pidió al socialista abandonar sus responsabilidades en el Gobierno, a pesar de que Sánchez le habría ofrecido, al menos en dos ocasiones, ponerse al frente de un Ministerio en los últimos meses. Una versión que negaron desde Moncloa, donde explicaron que el vasco había trasladado al líder del Ejecutivo su deseo de ser el titular de la cartera de la Presidencia, un cargo que tenía la ex vicepresidenta primera Carmen Calvo y que ahora pasa a desempeñar Félix Bolaños. Precisamente, el nuevo ministro, en su toma de posesión, señaló que «estas cosas ni se pueden pedir ni se deben rechazar», en lo que se entendió como un dardo envenenado hacia Redondo.

El peso de Ferraz

Quizá la clave para explicar la salida del gurú que guió a Sánchez a La Moncloa la diera -sin querer- uno de los habituales socios del socialista en el Congreso. «¿Esta remodelación obedece a los intereses del presidente o del secretario general del PSOE?», se planteó el portavoz de Compromís, Joan Baldoví, al ser cuestionado por los cambios en el Gobierno. Y es que el malestar en Ferraz fue creciendo durante estos años a la par que aumentaba la acumulación de poder de Redondo. Su obsesión por ganar antes que nada la batalla del relato y la política-espectáculo, que prima la forma al fondo, no gustaban en el PSOE, donde insisten en que el donostiarra simplemente es un experto en comunicación política -«son las emociones, estúpido», apuntaba en un vídeo que se hizo viral sobre la clave para ganar unas elecciones-.

La apuesta fallida de Murcia, donde los socialistas lograron convencer a Ciudadanos para descabalgar (sin éxito) del Gobierno regional al popular Fernando López Miras, y la debacle en la Comunidad de Madrid, con el adelanto imprevisto de las elecciones tras, precisamente, el movimiento en la región mediterránea, acabaron por colmar la paciencia de Ferraz, que apuntó directamente al vasco como culpable. Y Sánchez, por sorpresa, decidió volver la mirada al partido para sustituir a Redondo por Óscar López, un hombre de partido que, además, encarna la reconciliación entre el PSOE y Moncloa.